miércoles, 16 de septiembre de 2009

Paulinho Moska: Continuidad y corte en el sonido brasileño


En noviembre próximo parece visitará Venezuela Paulinho Moska, el músico carioca que empezó a darse a conocer fuera del Brasil, en gran medida como invitado de Jorge Drexler, vinculándose en presentaciones y colaboraciones con el llamado ‘templadismo’. Su sonido, sin embargo, para mí tiene más que ver con la tradición de la Música Popular Brasileña (MPB) y es en la continuidad y a la vez ruptura de esa herencia que encuentro su mayor encanto y fuerza.

En la edición #6 de la revista Ladosis publicaremos una reseña completa de Moska. Pero tras escribir la nota, me que quedé con las ganas de mostrar, además de contar. Así que valgámonos, pues, de la convergencia de medios y divirtámonos un poco.

Paulinho Moska empezó a sonar internacionalmente sobre todo a partir con los discos Todo Novo de Novo (2001) y + Novo de Novo (2007), donde se encuentra su versión en portugués de “La edad del cielo” de Drexler, la canción conjunta “Dos colores - blanco y negro”, o su gran éxito “Lágrimas de diamantes”.

Son estos los temas que suele interpretar junto con el uruguayo, o con el argentino Kevin Johansen –pronto también tocará con Lisandro Aristimuño-, en ese espíritu de intercambio entre músicos de Uruguay, Brasil, Argentina y Chile, acerca del cual he comentado en anteriores post sobre ‘templadismo’. Pero aquí, para variar, coloco una canción que le dedicara Johansen.


No obstante estas vinculaciones, a mi juicio Moska le hace más bien honor a la historia de la música del Brasil. Y no sólo porque de niño viera escondido bajo la mesa de un club nocturno los shows de Caetano Veloso o Gilberto Gil, en el Morro de Pan de Azúcar; o porque de adolescente asistiera a las primeras actuaciones de Paralamas; o porque hoy funja de presentador del programa televisivo Zoombido, por donde han pasado desde Gil y Lenine, hasta cuanto nuevo músico valga la pena conocer.

Lo importante es que como cantante y compositor, Moska es continuidad y a la vez corte del sonido brasileño, o, más precisamente: es la continuidad del corte en el sonido brasileño. En su música puede rastrearse bien el sentido lírico de sus antecesores. Pero no se conforma con la fórmula de canción pegajosa a ritmo de bossa, que el mercado internacional sabe digerir muy bien.

En sus composiciones y performances también está la raíz transgresora del tropicalismo, la inquietud por redimir y renovar los géneros, el ‘contrasenso’, como se llama uno sus discos, y hasta cierto sentido de artista total -de hecho, también es actor y fotoartista, como puede verse en Moska aksoM - Reflexos e Reflexões, y sus fotografías le han inspirado más de un tema.


Aunque siguió inicialmente un camino cercano al rock y el blues con la banda Inimigos do Rei y, en solitario, con el disco Vontade (1993), pronto quiso deslastrarse de los rótulos. Para ello se decantó por dar más nervio a su lírica y cultivar la relación entre música popular brasileña (MPB), pop y rock, con la canción como hilo conductor.

En Pensar é Fazer Música (1995) –cuyo tema “O último día” pegó como abertura de la novela “O fim do mundo” – tiñó sus letras de filosofía existencialista y cierto sabor a Pessoa.


A partir de Contrasenso (1997) se internó en la mezcla y mutación de estilos, hasta dejarse permear por la música electrónica como salvación del mismísimo pop, según decía.



Acompañado por Marcos Suzano y Sacha Amback, exploró entonces sonoridades electrorgánicas, sin olvidar la contundencia de sus letras, logrando así dos de sus más oscuras e interesantes propuestas: Mobile (1999) y Eu Falso da Minha Vida o Que Eu Quiser (2001), donde se pasea entre el pesimismo y el optimismo, bordea el amor y el apocalipsis, retorciendo canciones aparentemente románticas (éste no es video oficial -hay pocos-, es sólo colección de imágenes).


Desde hace un tiempo es el maestro de ceremonia de Zoombido, un programa de Canal Brasil que ya arribó a su cuarta temporada. En un set lleno de objetos espejados -con los cuales también continúa su trabajo fotográfico-, explora a través de entrevistas y toques en vivo, el proceso creativo de figuras como Gilberto Gil, Chico César, Lenine, Vitor Ramil, Tunai, Ana Carolina y Zeca Baleiro.

Su última producción discográfica, Zoombido Vol. 1, recopila trece de las canciones allí tocadas. Pero en Internet se pueden ver, además, bastantes ediciones del programa, un trío de canciones creadas a trozos por 26 autores brasileños, a modo de banda sonora, y, como broche, varios de los temas interpretados con sus invitados. Uno de mis favoritos es “Relampiano”, con Lenine.


En materia de colaboraciones, Moska ha sido inquieto y prolífico. En grabaciones quizá una de las más conocidas sea la realizada con Lenine, Chico César y Zeca Baleiro, de la canción “O Mundo”, que a mí siempre me pareció era para escucharla más en vivo, que en estudio. Ésta no es la mejor presentación, pero da una idea de la fiesta que pueden montar los colosos:


Y esta otra descarga remata muy bien…


Para cerrar no podía dejar de lado su tema más conocido “Lágrimas de diamantes”, pero mejor apelar a la versión acústica. La calidad de la imagen no es tan buena, pero el sonido intimista vale la pena.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Comiquitas y música o cómo se inicia una melomanía

Esta semana, explorando la exposición El siglo del jazz –en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, hasta el 18 de octubre-, me topé con un viejo dibujo animado: "Three Little Bops", una versión de "Los Tres Cochinitos" totalmente jazzeada, no sólo por la música, sino por el twist picarón –o debería decir bebop- aplicado a la historia.

Dentro de la muestra vino muy bien para tratar el tema en cuestión: la influencia e impacto del jazz, no sólo en las artes e industria conexas a la música -como podría ser el diseño de carátulas a lo Mondrian- sino en todas las expresiones artísticas, incluyendo el cine y la televisión, la pintura o la fotografía.

Pero a mí, además de recordarme viajes y conciertos increíbles en Nueva York o Nueva Orleans y llenarme la cabeza de las melodías que he estado tarareando toda la semana, en esa sala la exposición me conectó con algo quizá más recóndito: con ciertos primeros encuentros con la música y con parte del inicio de mi melomanía, aunque en su momento no supiera de qué se trataba.

Hoy me gustaría compartir algunos de los dibujos animados que me capturaron de niña. No supe hasta mucho después el por qué de su encanto, y el impacto que tendrían en mí. Pero lo cierto es que aún hoy me resulta casi imposible no recordar algunas de estas imágenes al escuchar ciertos temas. Sirvan, pues, para reactivarse tras el vaporón veraniego.

The Sorcerer's Apprentice -Aprendiz de Brujo

Del gran clásico de Walt Disney, Fantasía, de 1940. Aunque prontamente aborrecí las pelis de Walt Disney y nunca me gustó Mickey Mouse, Fantasía es visual y musicalmente imperdible.




The Cat Concerto

The Hungarian Rhapsody No. 2 de Listz es una de las piezas que más se ha utilizado en dibujos animados. Fue interpretada por Bugs Bunny en “Rhapsody Rabbit”, dirigido por Friz Freleng en 1946. Pero yo la recuerdo siempre en “The Cat Concerto”, ganador de un premio de la Academia ese mismo año.




Rahpsody in blue

Fantasía 2000 no pertenece exactamente a mi niñez y, sin duda, la segunda parte del clásico no salió tan bien. El listón estaba demasiado alto para la actual Walt Disney. Sin embargo, no sé si por mi amor a Nueva York y a Gershwin, esta parte me pareció muy buena. Eso sí, en mi mente "Rahpsody in blue," como banda sonora de Nueva York, siempre será de Woddy Allen, en Manhattan.




Three Little Bops

Aunque "Three Little Bops" no estaba en mi catálogo original, fue el que disparó esta retahíla de remembranzas, así que viene bien de bonus track. Es de 1957, fue dirigido por Friz Freleng y cuenta con las voces de Stan Freberg y música del compositor y trompetista Shorty Rogers.