domingo, 1 de febrero de 2009

Las inconclusas de Leonardo y Miguel Ángel:
otra mirada del arte en Florencia

Al viajar por primera vez a Florencia es inevitable pensar en correr a ver el Nacimiento de Venus de Boticelli, el Baco de Caravaggio o tantas obras que uno siempre tuvo que conformarse con ver en libros y reproducciones y que, de repente, nos aparecen tan accesibles en la Galleria degli Uffizi.

Resulta imposible entrar a la Galleria dell'Accademia sin que nuestros ojos se vayan directo al fondo de la sala Miguel Ángel, donde los 4,10 metros de perfección anatómica y expresiva del David hipnotizan irremediablemente.

Y sí, no hay escapatoria, ver el David, su ceño fruncido en una mirada entre segura y expectante, las líneas de fuerza y la tensión contenida en su postura, en sus músculos, en las venas que cruzan los brazos, en los tendones de la mano y hasta en la uña del dedo que arriba, en su hombro, sujeta la honda, nos llevará mucho tiempo.

Contemplándolo se nos pasarán las horas, hasta que anuncien que están por cerrar y entonces nos tengamos que retirar, pero sin poder quitarle los ojos de encima, ladeando la cabeza y estirando el cuello para seguir viéndolo a la distancia, como si fuéramos niños y nos estuviesen separando de nuestro mejor amigo en el parque.

Pero si se viaja nuevamente, o si se tiene la suficiente fuerza de voluntad la primera vez, vale la pena aguantarse por un momento la ansiedad. En el camino hacia la Tribuna del David, antes de llegar a sus pies, hay cuatro figuras inacabadas, también de Miguel Ángel, tituladas los Quattro Prigioni, los Prisioneros o Esclavos.

Esculpidas entre 1521 y 1523, originalmente para formar parte de la tumba del papa Julio II, el Esclavo que despierta, el Joven, el Barbudo y el Atlas inmediatamente nos recuerdan aquella frase de que las figuras sólo están atrapadas en el mármol y que Miguel Ángel sólo tiene que quitarles la piedra de alrededor para liberarlas.

Rastrear perfección en lo inconcluso

Aunque el David fue esculpido en una pieza de mármol supuestamente defectuosa, el pulido impecable da la sensación de que la figura hubiera emergido así, con los tendones tensos, con sangre fluyendo. De tan lustrosa, es casi imposible imaginar que sus proporciones sean producto de golpes de cincel, de manos de hombre.

Pero ahí están las otras, las inacabadas, que todavía prisioneras en el mármol nos lo cuentan todo. En una, los dedos apenas asoman, pero ya pueden verse los tendones que los moverán. En otra, el movimiento se adivina en la musculatura del torso que lucha por zafarse. Y en otra, aunque no se terminan de definir las facciones, sí se percibe la angustia que aqueja el rostro.

Los golpes están allí y la piedra ya respira, mostrando con todo dramatismo la fuerza que anima a los prisioneros a liberarse. En esos pedazos de mármol, porosos y abandonados, tenemos la oportunidad de hurgar en lo rupestre de lo sublime, de otear las entrañas de la perfección.

En la Galleria degli Uffizi, además de La Primavera de Boticelli, La Anunciación de Leonardo da Vinci y otras populares obras maestras, también hay una inconclusa: Adorazione dei Magi, encargada originalmente a Leonardo, por los monjes agustinos de san Donato de Scopeto, para un retablo.


¿Qué podría mostrarnos una pieza temprana, sin terminar y que, para colmo, según concluyeron investigaciones recientes, en la superficie no presenta ni una sola capa de pintura puesta por Leonardo? Pues nada menos que su esbozo en aguadas de tinta.

La composición se supone fue inspirada en la pintura del mismo nombre de Boticelli, pero la escena luce totalmente diferente a todas las obras que hasta ese momento se hicieron sobre el tema, en una disposición compleja y dinámicamente articulada.











Con juegos de luz y sombra, y un particular sentido de circularidad, en la pintura se crea un vórtice de acción y gestos en torno a la Virgen María y el Niño, en un primer plano, con los magos de rodillas formando un triángulo. Detrás de ellos se percibe un semicírculo de testigos, que esta vez aparecen como una masa caótica de gente desconcertada.

Cada rostro, cada expresión pareciera contener un sentimiento al que sólo faltaría cubrir con piel. Los asistentes a la epifanía no están en paz o incólumes, como en otros cuadros, sino asombrados, confundidos y hasta atemorizados.

Los magos no están erguidos, ni majestuosos, sino consternados en el suelo, mientras al fondo el mundo pagano sigue peleando, o tratando de reconstruir las ruinas de un edificio clásico, ajeno a la revelación.

Aunque la obra fue encargada antes de que Leonardo fuera considerado un “gran artista”, y por ella sólo recibió 28 ducados, cada trazo devela matices de su peculiar forma de ver –diseccionar- el mundo. En cada uno de sus fragmentos, el complejo dibujo de la Adorazione dei Magi es un estudio de anatomía, luz y perspectiva; un pequeño agujero por el que espiar las técnicas y peculiaridades del arte-ciencia de Leonardo.

(En este programa sobre la Adorazione dei Magi de FlorenceTV se muestran los resultados del estudio que los Uffizi encargaron en 2002, para determinar si la pintura podía restaurarse. Los análisis, que incluyeron más de 2000 grabaciones infrarrojas, determinaron que Leonardo preparó únicamente el esbozo inferior, pero lo más interesante es que aquí se lo ve con todos sus detalles. El video es largo pero imperdible)


5 comentarios:

Lola Steiner dijo...

Qué bien escribes, querida!

SUSANA FUNES dijo...

Jaja, pues gracias Lola Steiner, será Florencia que lo inspira a uno.
;-)

Anónimo dijo...

Uy, dan unas ganas de ir...
Pedro

Rubén dijo...

Por lo visto te encantó Florencia. Suave lectura. Como un libro de artística pero con dinamismo. Siempre lo he dicho y siempre lo diré: amo tu blog.

R

SUSANA FUNES dijo...

Pedro, efectivamente te recomiendo visitar Italia en general y Florencia en particular. Gracias por pasar y comentar.


Rubén espero no parecerme en nada a lo que fueron mis profesores de lo que se llamaba "educación artística", creo que provocaron más de una siesta en clase y la huida en masa al área de ciencias ;-) Pero qué bueno que ames mi blog. Todo un honor pues.