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miércoles, 30 de marzo de 2011

Vitor Ramil este jueves en Barcelona
... y luego con Jorge Drexler en Madrid


Interrumpo momentáneamente la serie sobre músicas actuales de Latinoamérica para avisar que mañana, jueves 31 de marzo, estará presentándose en Barcelona precisamente uno de los estandartes más interesantes de estos sonidos: el brasileño Vitor Ramil, músico gaúcho, poeta y ensayista, considerado el principal “teórico del templadismo”.

Ya escribí un post con una larga entrevista que le hiciéramos hace unos meses: La milonga que desemboca en canción.

Nacido en Pelotas, en el extremo sur de Brasil, encontró las señas de su identidad y estética entre el frío de las pampas, la situación de frontera y el tañido melancólico de la milonga.

Considerado como el “teórico del templadismo”, por su ensayo La Estética del Frío, comparte con figuras como Jorge Drexler, Lisandro Aristimuño y Paulinho Moska la búsqueda de un sonido más sosegado y melancólico, con gran poderío lírico y un abordaje sin purismos a géneros folklóricos.

Como compositor, sus temas han sido grabados por artistas como Gal Costa, Mercedes Sosa, Lenine, Pedro Aznar y Chico Cesar. Con Satolep Sambatown, disco realizado junto con el percusionista Marcos Suzano, fue reconocido en 2008 como mejor artista de Música Popular Brasileña.



Finalizando el 2010 editó Délibáb, un álbum centrado en ese sonido que cruza el sur del sur sin distinción de fronteras -la milonga-, donde musicaliza poemas de Jorge Luis Borges y João da Cunha Vargas. La entrega de gran carga lírica fue destacada entre los mejores discos del año por el diario La Nación de Argentina, y su presentación en vivo ha sido considerada entre los mejores shows por los periódicos Folha de São Paulo y O Globo de Brasil.

En España se presentará mañana jueves 31 de marzo en Barcelona, en el Festival Barnasants, Auditori Barradas; y los días 1, 2 y 3 de abril en Madrid, en el Local Teatro Arteria Coliseum, junto con su gran colega dentro y fuera del escenario Jorge Drexler.

Aquí les dejo un abreboca:



Acá tocando el delicioso tema "Astronauta Lírico", junto con Jorge Drexler, quizá similar a lo que serán sus presentaciones en Madrid, aunque allí estarán con orquesta:



Y un documental sobre Délibáb, una suerte de exploración del sentir común entre Brasil y Argentina, de ese "fondo criollo" del cual decía Borges salían las milongas.

martes, 26 de octubre de 2010

Conversando sobre Templadismo en Radio 3

Mañana miércoles 27 de octubre estaremos conversando sobre Templadismo y los nuevos cantores que vienen proyectándose desde Uruguay, Brasil y Argentina, en el programa El Gran Quilombo, de Consol Saenz, por Radio 3.

Acuñado medio en broma medio en serio, por el uruguayo Jorge Drexler, como un marco para la creación de canciones desde la Cuenca del Río de la Plata, el templadismo engloba una serie de neocantautores urbanos, como el argentino Lisandro Aristimuño, los brasileños Vitor Ramil y Paulinho Moska -a quienes hemos dedicado varios post sobre templadismo-, además del argentino estadounidense Kevin Johansen y los uruguayos Carlos Casacuberta y Ana Prada, entre otros.


Paulinho Moska
Aunque no responde a un movimiento formal o manifiesto, el templadismo ha ido calando como un término útil para caracterizar un sonido que evita las estridencias, combate estereotipos acerca de lo latino, se permite la melancolía, revindica la lírica, se apuntala en la electrónica y aborda sin purismos congelantes géneros folklóricos desde Río Grande do Sul de Brasil, hasta el Uruguay, pasando por las provincias argentinas de Entre Ríos, Santa Fé, Río Negro y la Pampa húmeda.

Sobre sus orígenes, sus búsquedas estéticas y matices, estaremos conversando mañana, desde las 8 p.m.
 

Aquí ya se puede escuchar la entrevista:



Y aquí dejo cuatro notas escritas anteriormente sobre algunos de sus exponentes:

lunes, 9 de noviembre de 2009

Conversando sobre la Poética del Rock Latino en Casa América

Los recalcitrantes de la “alta cultura” con suerte dirán que sólo Bob Dylan cabe en la categoría de poeta.

Y si habláramos de Latinoamérica, a lo mejor se atreverían a mencionar con simpatía al flaco Luis Alberto Spinetta, más por sus libros de poemas que por sus fulminantes canciones.

Pero basta de purismos y sandeces: la historia del rock está más llena de poetas que la producción actual de muchas editoriales que se ven por allí.

Y aunque en América Latina, dictaduras, represiones y desinformaciones retrasaron un tanto su desarrollo, el rock y pop de la región lleva varias décadas cosechando un interesante historial de versos.

Sobre el influjo literario y el acento poético del rock latino estaremos conversando este jueves, en Casa América Catalunya, Carlos Piegari, ex miembro de la histórica agrupación Sui Generis, Jaime Nieto, periodista musical y director de Latin-Roll, y mi persona.

Jaime establecerá relaciones entre obras concretas de la literatura y ciertas canciones de músicos que hoy ya podemos considerar ‘nuestros clásicos’. Carlos disertará, a partir de su propia experiencia, sobre el oficio del letrista, sus fuentes de inspiración y su reivindicación frente a la poesía lírica.

Y yo me decantaré por nuevos estandartes: neocantautores que, echando mano tanto de la música de raíz como de las aportaciones de la electrónica, vienen renovando el rock-pop latino, desde una canción revisada sin prejuicios congelantes.

En el marco de su ciclo de Música y Literatura, la Mesa Redonda sobre La Poética del Rock Latinoamericano será en Casa América Catalunya (Córsega, 299), este jueves 12 de noviembre, a las 19:30 h.

jueves, 22 de octubre de 2009

Las Crónicas del Viento de Lisandro Aristimuño


Viéndolo en directo casi podría decirse que existen dos Lisandro Aristimuño. Está el escoltado por su banda Azules Turquesas, cuyos conciertos ganan en contundencia sonora, prolijos arreglos y excelencia interpretativa; y el del set solo, cuando triunfa su revés de cantautor y sorprende por su capacidad de mezcla improvisada, por su arte para construir en escena, capa sobre capa y ante nuestros propios ojos, toda una orquestación con sólo guitarra, computadora y voz.

Si bien resultaría imposible empaquetar alguna de estas experiencias, su último disco, Las Crónicas del Viento (2009), de cierta manera intenta capturar el encanto de esas dos facetas.

Respirando nuevamente el aire de su Patagonia natal, parte en un doble viaje: en un disco, la entrega intimista en solitario, como cantautor frágil, crudo, con aire y calor de hogar; y en el otro, el vuelo más experimental y sobrecargado, amparado no sólo por los Azules Turquesas, sino también por invitados como Fito Páez y Diego Frenkel, más un arsenal de instrumentistas.

Doble álbum y apuesta –al perseverar en la producción independiente, ahora a través de su sello Viento Azul-, profundiza aquí su búsqueda en un pop sinuoso, extendiendo las fronteras de la canción, a través de un juego atmosférico de vuelo electrónico y ancla folk.

Lo logra con mayor riqueza tímbrica y sofisticación de arreglos en el capítulo I –grabado en febrero en Circo Beat-, donde sus melodías mántricas, cual postales de llanuras interminables, se revisten de matices y sonoridades superpuestas de voz, sesiones de cuerdas y vientos, ruidos y loops. (No hay video, lo que viene es sólo para escuchar y continuar leyendo)


Muy electrónico y cargado, pareciera hacer guiños, ya no a la ciudad de Buenos Aires tan presente en Ese asunto en la ventana (2005) y 39º (2007), sino al mundo que ha visto gracias a sus giras: de un lado, el salto a Europa, y, del otro, el regreso a su tierra, al interior de Argentina, pero también a los vecinos Chile y Uruguay.

“Es como un disco-diario. Está impregnado de viajes”, nos confesó él, en una entrevista que se publicará próximamente en la edición aniversario de la revista Ladosis.

De allí que suenen ritmos de cueca chilena, acordes y letras relacionadas con el viento, el río, llanuras y espacios al descampado, pero también acordeones tipo parisino, ciertas frases o coros en inglés y alguno que otro sampler como de televisora extranjera.

De hecho, la voz en alemán de una niña es la que abre el disco. Pero enseguida se da paso a un sonido muy electrónico y a la vez orgánico, por momentos con ribetes de banda sonora, en el que siempre se logra sentir ese aire a Patagonia, sin las telarañas del museo.

Es un disco de clima templado, calmo, pero aún así luminoso; con un tono juguetón y hasta naive, pero de compleja construcción y lleno de detalles y texturas armónicas que vale la pena escuchar con audífonos.

Su peculiar tino para crear atmósferas a través de capas solapadas de voces, cuerdas y efectos de sonido puede apreciarse bien en la última parte de “Perdón” o en “Green Lover”, cuya letra podría ser parte de un decálogo: “llevo discos de los Beatles… llevo un blues dentro de este rock (o ron)... llevo a Luis cantándole al sol”. (Aquí también coloco sólo audio)


Con tono festivo, en “Es todo lo que tengo y es todo lo que hay” dialogan bien los loops con las cuerdas; mientras que en “Fin, 2, 3”, “Perdón” o “Cuentan”, asume un matiz un tanto más dramático, certeramente reforzado por los arreglos más orquestales.


En materia de colaboraciones destacan “Y vos adonde estás”, con el rapeo de Diego Frenkel, y el valsecito “Desprender del sur”, con una precisa sesión de cuerdas y la intervención de Fito Páez. No obstante, la interpretación de Aristimuño resulta, a nuestro juicio, más expresiva que la del invitado.


Por su tono juguetón y ese toque bucólico con aires de nuevo siglo, conmueven “Azúcar del Estero” y “Cosas de un soñador”. Inician el tema loops de frases en esa peculiar jeringoza, con la que él suele componer. Y junto con Palo Pandolfo logra un delicado y emotivo fraseo.


En el segundo capítulo, Aristimuño se reconecta con su lado más intimista, aunque no tan desnudo como su último concierto en Barcelona.

Encerrado en una casa en Vigo, quiso “cantarle al invierno y al fueguito”, capturando por micrófono todo el sonido rústico y en crudo de cuando nacen las canciones, con todo el aire, las respiraciones e, incluso, el error. Pero en lugar de quedarse en la onda acústica con su guitarra, toca aquí también batería, bajo y piano, además de apelar a sus clásicos juegos armónicos de voz.

Y aunque líricamente no alcanza la riqueza de un Spinetta, que por sonido a veces pareciera evocar, se sobrepone a los bajos por la expresividad de su entonación siempre al borde del quiebre, por su riqueza armónica y su capacidad para crear piezas ricas en texturas: “Ella”, “Hoy” y “Trece lunas y un laberinto”. (Este último lo coloco a continuación, pero en vivo).


La más desnuda y quizá por eso con un matiz un tanto diferente es “Días Breves”, una descarga un pelín más atormentada, sobre todo respecto al vuelo inocente de “Caminata”, la remembranza en clave folklórica de “Mi memoria”, o la tierna “Trece lunas y un laberinto”.

De invitados en este capítulo sólo cuenta con el español Quique González, pero aunque antes hemos visto colaboraciones interesantes, esta vez la selección del tema nos parece desafortunada. El timbre de voz de González no cuadra demasiado para “Otra canción de cuna”.

Las Crónicas… es, pues, una entrega bastante ambiciosa. Aunque se trata quizá del más universal de sus discos, lleva un paso más adelante esa amalgama que bebe de la tradición, respira por la electrónica, corretea por la experimentación, se estremece en poética trovadoresca y exhala rock argentino.

domingo, 17 de mayo de 2009

Lisandro Aristimuño desnudó su canción en Barcelona


Había estado hacía muy poco girando largamente por España y Latinoamérica y se suponía que ahora estaba en Circo Beat grabando su cuarto disco. Así que me sorprendí cuando vi anunciada una nueva gira de Lisandro Aristumuño: nueve fechas en ocho ciudades españolas, más un pequeño salto a Bélgica.

Dado lo reciente de su anterior visita y su carácter ‘under’ –siempre ha sido un artista independiente y esta vez la lista de presentaciones salió sólo en su blog y en alguna que otra agenda especializada- recordé mis tiempos tras bastidores, y temí por un momento que la convocatoria pasara desapercibida.

Pero desde antes que abrieran las puertas del Alfa Bar ahí ya estaban haciendo fila. Los primeros, una pareja de argentinos que, aunque tenían hambre, decían no querían moverse porque “vivimos en Tarragona, y no nos queremos quedar afuera después de todo este viaje”.

A ellos se les unió otro amigo del sur, haciéndome pensar vendría sólo la comunidad de argentinos radicados en Barcelona. Pero al rato ya daban vueltas un par de mexicanos y entonces los catalanes, más acostumbrados a llegar sobre la hora sin temor a quedarse afuera.

El local terminó de tomar el clima adecuado mientras tocaba la colombiana Lucrecia. Los puntuales pudieron ver a Lisandro deambulando por el local. Los menos tímidos se pusieron a hablar con él, mientras el resto lo oteaba a lo lejos:

“Yo lo conocí hace poco”, me confiesa otro argentino. “Cuando estuve en Buenos Aires me lo pusieron, y lo escuché todo el mes como un mantra. Ahora estoy trabajando con su música –dice-, soy bailarín y me transporta”.

Al él, como a tantos otros, lo capturaron las atmósferas y texturas. En su sonido, tal como comenté en un anterior post sobre Lisandro, la canción y la Patagonia no sólo están en el fraseo o en la guitarra, sino que respiran a través de secuencias, en el uso orgánico de una electrónica que termina de darle pulso, sabor a tierra y aire.

Haciéndole honor a esta peculiaridad, comienza su set como suele venir por estas tierras: guitarra, computadora y muchos aparatitos "que repiten cosas", como dice él.

En este caso, el loop de voces inicia “La última prosa” en esa especie de lengua antigua o infantil, de jeringoza ininteligible e hipnótica.

Se siente una leve saturación, pero él da las gracias a quienes permiten el toque y chequea con el público que no obstante suene bien. Empieza el juego de percusión vocal que anuncia “En mí”. Vienen los acordes, un par de estrofas y luego más experimentación con la guitarra, capas y capas que se superponen.

Juega más en “Tu nombre y el mío”. Pero al cabo de un rato la saturación se agrava, cierto acoplamiento desemboca en feedback y en algunas pausas extrañas. “Tenemos unos problemitas aquí, pero no importa”, dice, tratando que la espontaneidad y entrega, superen cualquier deficiencia técnica.

“Sí importa –salta alguien del público–… diez euros”, reclama retrechero, como queriendo decir ‘el rey está desnudo’. Los problemas son reales, pero la calaña de la protesta desentona. Lisandro replica: “¿Quién dijo eso?”. Nadie responde. “Se lo devuelvo”, recalca firme, pero aún así cándido.

Y entonces efectivamente se desnuda. Sí, tal como dice la letra de “Para Vestirte hoy”, desnuda su canción: apaga todos los aparatitos, se queda sólo con su guitarra y, con los arpegios de “Me hice cargo de tu luz”, recupera el control absoluto de la escena.

Según confiesa, algunas canciones más tarde, en medio de la gira su guitarra se rompió. El chico del bar, también músico, le prestó su guitarra, pero no termina de encajar con el resto de la parafernalia. “Da igual”, gritan del público. “¿Sí?, ¿Diez euros?”, pregunta él, revirtiendo definitivamente aquel reclamo.

El percance nos permite verlo de una forma inusual: en crudo, jugueteando con la guitarra, como si estuviera componiendo cada canción en frente nuestro.

En el fraseo se lo siente casi paladear las letras. Subraya una frase con toque más tierno en “Me hice cargo de tu luz”; mientras en “Algún lado” una leve pausa le da un giro travieso a “pa’ no olvidarme más, de tu humanidad tan grande”, y suena más bien a “pa’ no olvidarme más, de tu manía tan grande”.

En "39º" el delirio se traduce en una modulación rasgada y cargada de matices. Se divierte y degusta las letras y melodías de "El árbol caído" y "Amanecer", que termina desembocando en "Black bird" de The Beatles. Con “Cerrar los ojos” gana un tono más agresivo, pero juguetón, como denotando ironía. La voz se le quiebra a veces, pero quizá nunca con tanta expresividad.

Sólo al final del último bis, “Canción de amor”, vuelve a revestir la melodía en un divertimento de despedida. Deja la base de guitarra en un loop que se va difuminando, mientras va añadiendo las capas de voz.

Según nos contó luego en una entrevista –que esperamos publicar próximamente en LaDosis- ahora quiere experimentar más con estas atmósferas. Está pensando incluso en hacer una banda sonora.

Pero aquí lo vimos reconectado con la esencia de la canción, con la lírica y su rol de cantautor. Sólo faltaba el hogar encendido, para imaginarlo guarecido en el invierno, en el sofá de nuestra sala. Veremos qué hace este 19 de mayo, en Casa América, de Madrid.

El ‘acusticazo’ contado por él mismo

La Revista ZonadeObras ahora cuenta con una curiosa sección: Diarios de Gira, donde Lisandro no resistió comentar de su “acusticazo” en Barcelona:

“Barcelona, martes 12, un concierto en donde tuve que poner un poco más de lo normal, ya que la guitarra que me habían alquilado para el concierto se rompió en la prueba de sonido... por suerte el dueño del lugar tenia una en su casa y me la prestó...
Arranqué el primer tema y la loopera no funcionó!... eso hizo brotar mi lado folk, saqué, o mejor dicho arranqué todos los cables y los pedales y hasta hora fue el concierto más acústico que realicé en esta gira... guitarra y voz. Me encantó el concierto, tuvo sangre, aire y corazón... las canciones desnudas tuvieron su magia, fue hermosa la sensación de recordar las canciones como cuando las comienzo a componer, como si hubieran vuelto a nacer... el público fue muy respetuoso y fogoso (había muchos argentinos con mucha buena onda) y me hicieron sentir en casa.
Fue unos de los conciertos más largos, hice casi todas mis canciones... hubo muchos bises y escuché al publico cantando, con mucha emoción...
Hoy miercoles en una Barcelona nublada y luego del acusticazo de anoche, no es casualidad que en mi mp3 suene sin parar Nick Drake y su disco Pink Moon”.

Pueden seguir el resto de sus andanzas en el Diario de Gira de Lisandro Aristimuño.