lunes, 19 de noviembre de 2007

Cassandra’s dream: para apreciar otro Woody Allen

En espera del estreno de la película rodada en Barcelona –Vicky Cristina Barcelona, ya en montaje-, aquí en España la última entrega de la trilogía británica de Woody Allen, Cassandra’s Dream (2007), fue recibida tibiamente por la crítica de medios tradicionales y con extremos en los medios electrónicos.

Mientras El País o La Vanguardia la han otorgado 3 estrellas, en sitios como Blogdecine le endilgan desde calificativos tipo “fuera de serie”, hasta destempladas expresiones de estruendoso fracaso.

Para mí no es de ninguna manera la mejor película de Woddy Allen. En temas y tratamientos creo que siempre preferiré los enredos, disertaciones metafísicas y neurosis, entre otras obsesiones, de Manhattan (1979), Annie Hall (1977) y Hannah y sus hermanas (1986).

Y esta preferencia no es sólo porque en mi mente mi querida Nueva York es, de muchas formas, la presentada por Allen –mis viajes no han hecho más que alimentar esas imágenes-, sino porque he estado –o creído estar- rodeada de sus personajes –cuando no los he encarnado.

Y creo que ha sido más fácil poder entenderme y entenderlos –o al menos reírme- después de haber visto sus películas.

Sin embargo, no espero que el director se quede para siempre hurgando en las mismas historias, personajes o estilo. Así como evolucionó de las comedias más simples, a enredos domésticos y dramas de gran profundidad dentro de la realidad norteamericana, me parece perfecto que se vaya a explorar otras ciudades y otras historias.

Con más de 70 años, Allen sí vuelve a hurgar en la familia, el amor, la moral, la religión, el honor y el crimen. Pero el Reino Unido le da un toque distinto, así como el casting.

Recupera muchos de los elementos de Match Point (2005) –un crimen en Londres-, pero ahora a través de una familia de clase media, con pretensiones de ascenso.

Dos hermanos muy distintos en carácter y fisonomía, Ian (Ewan McGregor) y Terry (Colin Farrell), poco a poco se ven tan enmarañados entre sus mentiras y ambiciones, que aceptan hacerle un favor a su exitoso tío Howard -el veterano Tom Wikinson, quizá un tanto desaprovechado en el film-, a cambio de dinero: el boleto de salida de sus deudas y problemas, y el de entrada a una nueva vida.

La escena donde Howard propone a sus desesperados sobrinos cometer un crimen es una de las mejor logradas, con una cámara que los rodea para mostrarlos enredados entre la vegetación y los argumentos, protegidos por la lluvia, como de miradas curiosas.

En esta película, Allen prescindió de su musa Scarlett Johasson, pero la sustituye por Hayley Atwell (Ángela). Aunque para muchos no es tan hermosa como la primera, es uno de los catalizadores de la historia, tentando con toque ambiguo y sexy, elegante y fresco, al ambicioso Ian –no brillante, pero bien encarnado por McGregor.

A pesar de que Farrel me gustó en The Recuit (2003), luego de haberlo visto dizque de Alejandro Magno (Alexander, 2004), no puedo quitarme de la mente la imagen del sobreactuado niño malcriado (y se supone que amamantado por Angelina Jolie), lo cual me hace difícil creerle en cualquier papel.

Incluso esta vez, con un personaje cuyos tormentos hasta pudieran recordarme al Raskolnikov de Dostoyevski, lamentablemente los sollozos y gimoteos con que pretende mostrar su culpa, paranoia y desmoronamiento como ser humano, no me convencieron. Insisto, puede ser que Alexander haya destruido para mí toda posibilidad de apreciarlo.

La evolución de los hermanos y sus dilemas morales me resultó, por tanto, un poco débil. La trama transcurre por momentos demasiado lentamente, dándome la sensación de que la película es más larga de lo que realmente es.

Sin embargo, en los últimos quince minutos –los mejores del film- el disímil dúo sí logró mantenerme en tensión para sufrir, imbuida en la historia, la desgarradora estocada final.

Como Cassandra, sabía el desenlace, pero eso no le restó contundencia a esas escenas en el Cassandra’s Dream, este barco, símbolo de sus sueños y testigo mudo de su desmoronamiento.

Otro elemento distintivo es la banda sonora a cargo del veteranísimo Phillip Glass. El cambio para algunos resultó terrible, pero para mí sí le dio una ambientación distinta y funcionó perfecta para estas demoledoras escenas finales.

Acostumbrada a los geniales diálogos de Allen, en este thriller con aires de cine negro no me sorprendió especialmente. Sí destacan ciertas reflexiones sobre dios o la muerte, atravesadas por un curioso sentido del humor que, nuevamente, para algunos representa la debilidad de guión y, para otros como yo, le otorga frescura y verosimilitud a la película.

“Siempre quise ser un escritor trágico, pero cuando era joven me salían sólo chistes. Ahora que estoy mayor me puedo permitir escribir tragedias”, declaró Allen en la presentación de su película en el Festival de Venecia. Su Cassandra’s Dream no es un tratado de la naturaleza humana, pero bien vale la pena dejarlo hacer.

Argumento:
Las deudas financieras están a punto de acabar con el negocio y los sueños de dos hermanos, Ian y Terry. Las ambiciones de lujo por parte de uno y la afición por el juego del otro, han llevado la situación al límite. La llegada de su tío Howard, un exitoso hombre de negocios en Estados Unidos, podría salvarlos, pero a cambio deberán cumplir un encargo: un crimen que carcomerá sus vidas.

Ficha técnica:
Guión y Dirección: Woddy Allen
País: EEUU-Gran Bretaña
Año: 2007
Duración: 108 min.
Género: Drama-Thriller
Interpretación: Ewan McGregor (Ian), Colin Farrel (Terry), Hayley Atwell (Angela), Tom Wilkinson (Howard), Sally Hawkins (Kate), John Benfield (padre), Clare Higgins (madre), Ashley Medekwe (Lucy).
Música: Philip Glass

1 comentario:

Jesús Nieves Montero dijo...

estaré pendiente para verla: salud por las catas fílmicas...

j.