lunes, 26 de febrero de 2007

Tu Lan: Delicioso rincón grasiento de San Francisco

Es muy fácil conseguir un restaurante gourmet en San Francisco.

Puerto internacional y cosmopolita, con tradición de tolerancia y apertura –no de gratis ha sido hogar de las contraculturas hippie, bohemia y beat-, en sus mesas están presentes los sabores y recetas de todos los rincones del planeta.

Con una historia gastronómica que se remonta a la fiebre del oro de 1948, la ciudad fue pionera de la cocina californiana durante los setenta. En las últimas décadas ha visto proliferar locales de la llamada comida étnica, sin que propuestas más ortodoxas o irreverentes pierdan terreno.

Pero entre los miles de restaurantes de la ciudad, quizá lo difícil sea ubicar esos pequeños rincones que sólo las guías muy osadas recomendarían; esos estrechos lugares, a veces un tanto sucios o ubicados en lugares turbios, refugio para los baquianos locales de buen comer, que no quieren ser acosados por enjambres de turistas o precios exorbitantes.

El restaurante vietnamita Tu Lan es uno de ellos. Ubicado en los límites del SOMA, pero en el lado “malo” de Market Street, donde de noche deben sortearse hordas de mendigos y borrachos, luce como un sucucho grasiento parecido a insigne restaurante del centro de Caracas, La nueva casa de los chinos.

No tienen manteles curtidos que voltear cuando llega un nuevo comensal, pero sí unas pringosas mesitas de fórmica y servilleteros de aluminio que, si se tiene suerte, algún dependiente rozará en un ademán de limpieza con un paño de olor sospechoso.

El detalle es que la comida es espléndida en sabor y abundancia, por lo que las pocas mesas del estrecho local siempre están llenas. Y no sólo de vietnamitas, lo cual ya pudiera ser una buena referencia, sino hasta de parejas que, por la conversa y la forma de mirarse, andan claramente de primera cita.

Los fresquísimos spring rolls destacan como platos estrellas. “Rolled bits of heaven” (bocados enrollados del cielo), los llamó alguno. Otros prefieren los roles imperiales, y a partir de allí habrá que escoger entre carne, pollo, frutos del mar, cochino, platos vegetarianos o combinados, sin olvidar los noodles.

Los precios rondan entre 5 y 11 dólares por platillo, por lo que dos personas pueden atracarse de comida por el risible precio de 25 ó 30 dólares. Eso sí, sólo aceptan efectivo y hay que admitir que, si se visita varias veces, la sazón lucirá parecida aunque se cambie de plato.

Son dos pisos cálidos para el invierno –no sé como se sentirán en el verano-, perfectos para reponer energías después de largas caminatas. La comida llega de forma sorprendentemente rápida a la mesas. Pero si se prefiere, también hay dónde sentarse en una barra alrededor de la cocina.

Una sola recomendación: coman, degusten, pero no se les ocurra ir al baño.

2 comentarios:

Jesús Nieves Montero dijo...

Son en esos lugares, en el anverso de lo que presenta una guía Michelin o la columna gastronómica del diario principal, donde se puede, realmente, sorprender al paladar...

Recordamos ahora una taguara muy impresionante en Nueva orleans, cerca del mercado, que, pese a parecer un depósito abandonado o un bar del oeste, esperando porque Lee Marvin o Clint Eastwood desenfundaran, venden de los mejores po' boys de la ciudad...

salud!

j.

Rubén Machaen dijo...

Es innovadora la idea de mezclar música, viajes, gastronomía y cultura en un solo lugar. Es algo así como planeo pasar mis años dorados. La diferencia radica en que tú ya estás llevando a cabo el plan.

Besos y abrazos
REMS