lunes, 9 de abril de 2007

Salva una palabra de la extinción

Desde las sonoras palabras de origen árabe -almizcle, alfeñique o alféizar- hasta ésas que recuerdan graciosos insultos de la infancia de nuestros abuelos -zampabollos, gaznápiro o zongolongo- pueden salvarse de la extinción.

Hasta el próximo 23 de abril, cuando se celebra el Día Mundial del Libro, la Escuela de Escritores de Madrid y la Escola d'Escriptura del Ateneo de Barcelona estarán recibiendo tus propuestas de palabras en castellano, que podrían salir de los diccionarios por el desuso y olvido.

Siguiendo la línea de la convocatoria del 2006, cuando más de 40 mil internautas hispanohablantes escogieron la palabra más bella, esta vez se espera que apadrines una palabra ; ésa “que te gustaría que viva cuando tú ya no estés”.

Para participar sólo tienes que visitar www.escueladeescritores.com; llenar un formulario con el término que no quieres que se pierda; explicar su significado y usos; y, sobre todo, contar tus razones para querer protegerla de la extinción.

Una vez incorporada la palabra y argumentada su protección, también podrás apadrinar cinco palabras propuestas por otros internautas o por los padrinos de honor -escritores, periodistas, políticos y otras personalidades de la cultura, que colaboran con la iniciativa.

Tal como lo explica la presentación del programa, entre 1992 y 2001 se desterraron más de seis mil términos del Diccionario de la Real Academia Española.

Ahora, para salvar la palabra favorita, se están esgrimiendo desde razones técnicas y etimológicas, hasta conmovedoras anécdotas familiares.

“Mi padre es zahorí”, comentó Ana Salazar Porres, desde España. “Si desaparece la palabra, ¿tendré que decir siempre que es radiostesista?

Y Julia Rubio la apoyó: “Cuando era una cría, mis padres llamaron a un hombre que vivía en el pueblo. Contaban que era capaz de encontrar lo invisible. Sin saber nada de nosotros, sin conocer la pequeña huerta, caminó a grandes zancadas. Fue de las plantas de alcachofas al ciruelo y dijo: Aquí. El agua apareció muchos metros después y bastante más allá. Pero él lo sabía con solo cruzar dos ramas. Se llamaba Zahorí y creo que era árabe”.

Yapa, frufru, bochinche, saltimbanqui, cazcarria, taita, zoquete, pardiez, forroñoso y muchísimas palabras más ya están postuladas para entrar en esta arca de noé.

“Queremos que nos ayudes a salvar el mayor número posible de esas palabras amenazadas por la pobreza léxica, barridas por el lenguaje políticamente correcto, sustituidas por una tecnocracia lingüística que convierte en ‘técnicos de superficie’ a los barrenderos de toda la vida o perseguidas por extranjerismos furtivos que nos fuerzan a hacer 'outsourcing' de recursos en lugar de subcontratar gente”, es el grito de guerra de los organizadores.

El próximo 23 de abril, los vocablos más apadrinados por los internautas serán incluidos en www.reservadepalabras.org, donde –desaparezcan o no del diccionario- sobrevivirán para ésta y próximas generaciones.

Por lo pronto, divirtámonos desempolvando términos y escudriñando razones.

¡Salud por un léxico que evoluciona sin olvidar su historia!

6 comentarios:

Jesús Nieves Montero dijo...

ya nos animamos la semana pasada: salvamos adulón, porque sirve para nominar a aquellos individuos que adulan desmesuradamente

salud

j.

luis_rincones dijo...

Esa palabra (Adulón) no puede caer en desuso, menos en la Venezuela actual.

Carlos Hurtado dijo...

Que sea entonces la ocasión para rendirle un homenaje a Octavio, mi querido padre QEPD.

Corrían los años 60s y en algún lugar de los eternos 120km que en la época separaban a Barranquilla de Cartagena aparecía el 'pontazgo' y me parece todavía escucharlo decir una vez más "Qué hermosa palabra!", y hasta lo pagaba con gusto.

Pobrecita palabra que apenas si alcanza a generar 717 resultados de búsqueda en Google. Habrá alguna por debajo de eso? Pero tranquilo Octavio, que donde te encuentres tu gusto será considerado por el resto de la humanidad.

:-)

SUSANA FUNES dijo...

Jesús, Luis y Carlos, qué chévere que se animaron.
Más allá de que ciertas palabras desaparezcan o no del DRAE –y de que uno tenga poca ingerencia en el asunto-, lo que me parece divertido de la iniciativa es que se ponga a la gente común a pensar en su vocabulario, a tratar de recordar y desempolvar viejos vocablos, aparte de las 10 palabras con las que normalmente se “resuelven” la mayoría de las conversaciones cotidianas.
Además está super interesante curiosear en las razones de cada quien ;-)
Ojalá se dieran iniciativas para integrar formalmente nuevas palabras al DRAE. ¡Qué lenta y dura es la Real Academia para “darnos permiso” y dejar que el castellano evolucione!

Julia dijo...

Hola, acabo de encontrarme con la niña que fui, qué curioso leer mi recuerdo sobre el zahorí...
Saludos a todos los escritores,
Julia

SUSANA FUNES dijo...

Wow, Julia, qué increible que hayas pasado por aquí. Estás más que bienvenida. Tu historia me encantó y qué bueno conocer ahora a la protagonista ;-)
¡Salud por las conexiones que logra la red!