sábado, 24 de febrero de 2007

No queda sino batirse con Alatriste

Quizá algunos intelectuales radicales no lo tomen como “gran literatura”, acusándolo –como si de enfermedad se tratara- de best seller. Pero las aventuras del Capitán Alatriste, como los escritos de Dumas o los misterios de Sherlock Holmes, tienen lo que no muchas supuestas grandes obras tienen: punch.

Arturo Pérez-Reverte siempre ha tenido ese particular talento para imponerle un ritmo cinematográfico a sus escritos y una pegada muy acorde con el apremio actual. La Reina del Sur y casi cualquiera de sus libros parecieran no ameritar demasiado trabajo para convertirse en película.

Así ha pasado con sus novelas La tabla de Flandes (1990), El maestro de esgrima (1988) y El club Dumas (1993), adaptada Romans Polanski bajo el título “La Novena Puerta”.

E igual sucedió con esta serie sobre la que se basó el último film de Agustín Díaz Yanes, “Alatriste”: El capitán Alatriste (1996), Limpieza de sangre (1997), El sol de Breda (1998), El oro del rey (2000) y El caballero del jubón amarillo (2003).

Este diciembre de 2006 se añadió Corsarios del Levante a la saga de este capitán, en realidad un soldado veterano de los tercios de Flandes y espadachín a sueldo. Y es curioso como en los seis tomos que conforman sus aventuras pueda mantenerse este ritmo tan contemporáneo en voz de un joven escudero -Iñigo de Balboa.

Se utilizan vocablos, versos y expresiones que son -o simulan impecablemente ser- de la España del siglo XVII, cuando Quevedo y Góngora se batían a versos, mientras Velázquez y Lope de Vega inmortalizaban su versión de la historia en lienzo y comedia.

Lo curioso de la narración de tono añejo es que, si un lector moderno no puede entender algo de primeras, al segundo siguiente lo captará por contexto y sin perder el hilo de la historia, la velocidad o el gusto.

A la usanza de las aventuras por entregas, pero con dejo de novela negra, temas históricos y guiños humorísticos para la intelectualidad –como las certeras estocadas de Quevedo, en verso o con espada- Alatriste nos sumerge en las intrigas de la corte de una España decadente y corrupta.

Emboscadas en callejones; visitas a los corrales de comedias que terminan a cuchilladas; secretos de convento; batallas y asedios en decadencia; intrigas de poder e inquisición; contrabando y traición… provocan lo mismo que una serie de televisión: si terminas un capítulo, es casi imposible resistir el impulso de pegarse a ver el siguiente; y esperas el próximo libro, como si fuera la próxima temporada.

La investigación y reconstrucción histórica pueden tener un encanto particular para los visitantes asiduos de España, quienes disfrutarán fantasear acerca de cómo sería un corral de comedia, qué calle cortaba con tal, o cómo se tomaba una copa entre mercenarios en una taberna de Triana.

Otro tanto puede pasarles a los amantes de las pinturas de Velázquez, como Viggo Mortensen. Conocido por sus excentricidades, decidió aceptar el papel de la versión cinematográfica precisamente porque se sintió, no sólo encarnando al capitán, sino reviviendo cuadros como “La rendición de Breda”.

Ubicadas en Madrid, Flandes, Sevilla… las aventuras están plagadas de personajes históricos o seudo reales, en una versión muy particular. Allí están desde Angélica de Alquezar, menina de la reina y amor tormentoso de Iñigo, hasta José Saramago, pasando por el mismísimo rey Felipe IV, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo y el inquisidor fray Emilio Bocanegra.

Las historias son frescas, divertidas y repletas de frases que provoca usar en distintas situaciones, cual gritos de batalla o catch frases: “No queda sino batirse”; “En el tablero de la vida cada cual escaquea como puede”.

Ciertamente podría pensarse que en algunos pasajes Pérez-Reverte se confía en su talento. Podría suponerse que, apurado por la editorial en un país donde sí se puede vivir de escribir, prefirió no trabajarlos más. Los más exquisitos quizá perciban que a cierta imagen le faltó un último toque.

Pero al final no importa, no queda sino batirse: Pérez-Reverte sabe contar historias. Que le aproveche, pues, el talento, mientras nosotros esperamos una nueva aventura y visitamos su sitio: http://www.capitanalatriste.com/

2 comentarios:

Israel Centeno dijo...

Producir imágenes, el arte de producir imágenes; a veces pienso que esos críticos implacables deberían educarse a ser modestos y comprender que el arte de escribir tiene que ver con el de dar visibilidad y movimiento a las palabras, son ellas las que se baten y producen una vida; la ficción que nos arrebata; el concepto es inaprensible, la imagen fluye, vive y dice y hasta, si hay una demiurgo "inteligente", galopan sobre uno que otro concepto. Azorín escribió algo que me gusta: hay dos tipos de gramáticas, la sintáctica o la ortográfica, y la psicológica, el decía que un escritor puede prescindir de la primera, nunca de la segunda.




muy buena la serie de Zaragoza.

Jesús Nieves Montero dijo...

Pérez-Reverte es un gran narrador y un muy buen novelista... sus novelas suelen tener mucho de la forma clásica de escribirla sin experimentos estridentes...

quisieran muchos tener sus dotes de contador de historias, de descompresor de los misterios que encierra un mundo ficcional que nos presenta estrecho en un momento y se va llenando de textura y significado...

Como diría Arlt, hay que dejar que "los eunucos bufen"...

Batirse con la palabra...

Lo demás, como diría el Otro, es literatura

j.