lunes, 6 de abril de 2009

Cuchillo: Hipnótico folk al filo de las clasificaciones
+ Espaldamaceta (bonus track)


Los directos de Cuchillo siempre sorprenden. Es difícil creer que lo envolvente de su sonido proviene de sólo dos músicos que experimentan con capas de guitarra, voz y batería.

Con ellos culmino esta serie de Música contundente para llevar, con recomendaciones de sonidos actuales en España, la cual inicié con el post Vetusta Morla: Fuerza rockera, sentido lírico.

Oriundos de San Sebastián y Vigo, Israel Marco (Guitarra y voz) y Daniel Domínguez (batería) se vinieron a conocer en el emblemático Café Zurich de Barcelona para dar origen a Cuchillo.

Comenzaron conquistando la escena catalana por sus minimalistas toques en directo, pero después de cuatro años de rodaje sacaron un primer disco de inspiración retro y título homónimo, que terminó de convencer a medios y crítica local.

El álbum logró los títulos de 1er. Mejor Debut y 2do Mejor Disco Nacional de 2008, según Muzikalia; Mejor Disco Nacional para Go Mag; 4to Mejor Disco en el ranking de Scanner FM, y el 8vo. mejor según la revista Rockdelux.

Pero todos, a la hora de definirlo, no han tenido más remedio que acudir a una retahíla de referencias que van de la psicodelia británica y de la Costa Oeste de Estados Unidos, al krautrock alemán, el post-rock y el folk.

Lo cierto es que, enlazando loops de guitarra, armonías de voz, baterías con distintas texturas y mucha percusión, el dúo logra un sonido bastante alejado de lo que normalmente se escucha –y machaca- en las emisoras locales.

Pocos dirían se trata de un grupo español, más tomando en cuenta que la mayoría de sus letras son en inglés, al menos en esta primera entrega de obvio anclaje en la psicodelia y la música de los 60 y 70, los sonidos que obsesionan a Israel, el compositor del grupo.

Aunque el disco tiene sus altos y bajos, me llama la atención la atmósfera hipnótica, el uso orgánico de la electrónica con pinceladas de folk, y especialmente el mimo a la canción, a través de una melodía que se construye en diálogo entre voz y guitarra, más un rico entramado armónico.

Técnicamente me lucen solventes y como propuesta bastante interesantes. Sin embargo, creo que les toca trabajar más en lograr una personalidad y un aporte todavía más distintivos.



Habrá que ver cómo evolucionan en su próxima entrega, donde, según me comentó Israel, incluirán temas en francés y seguirán al filo de las clasificaciones.

Bonus track: Espaldamaceta


No conozco demasiado a Espaldamaceta, a pesar de que es de aquí cerca: Tarragona. No tengo –todavía- su primer disco Madera y poca luz (2008), pero me topé con él en una recopilación de la revista RockDeLux titulada “Canciones Nacionales”, colección Momentos 2008, y el tema “Y no voy a darte más” me dejó impactada.

No esperaba que los arpegios y el fraseo dulce de cantautor –a veces casi de canción de cuna– diera paso a una frase como “me voy a casa cabrea’o, me caes mal de verdad, pero sé que volveré”.



Y ni hablar de lo que me encontré en un vuelo rasante por YouTube: “Ahora que la mierda ya me llega hasta los ojos”. Del título en adelante: brutal. Por momentos el hombre me pareció tanguero o milonguero. Miren, pues, como en la miseria nos damos todos la mano.



(Ésta es la segunda entrega de la serie Música contundente para llevar, con recomendaciones de sonidos actuales en España. Como primera recomendación hablé de Vetusta Morla: fuerza rockera, sentido lírico)

miércoles, 1 de abril de 2009

Vetusta Morla: Fuerza rockera, sentido lírico


Desde que los escuché por primera vez, dentro de la llamada escena independiente española, la agrupación madrileña Vetusta Morla me sorprendió.

Aunque supuestamente eran ‘nuevos’, me sonaron como un bandón, como un grupo con historia y músicos curtidos que de tanto tocar juntos ya se saben las mañas y permiten que la energía fluya más naturalmente.

Fue muy curioso verlos aparecer de repente, a principios de este año, en la programación de Los 40 Principales, quizá seguidos por Estopa u otro grupo comercialón que no recuerdo.

Lo hicieron con un curioso y muy premiado video en plano secuencia de la versión acústica del tema “Un día en el mundo” –rebautizado para la ocasión como “Otro día en el mundo”-, filmado, por cierto, por el venezolano Álvaro León y el grupo Keloide.



A partir de su triunfo el pasado febrero en los XIII Premios de la Música – ganaron como Autor Revelación, Artista Revelación y Mejor Álbum Pop Alternativo- vino la gran explosión mediática, el inicio de su gira por España y el anuncio de una edición en vinilo de su primer disco. Pero su historia no tiene nada que ver con esos ascensos vertiginosos ni –creo- fugaces.

Ciertamente sacaron su álbum debut Un día en el mundo en 2008, pero tal como yo pude intuir por su sonido, su historia empieza hace más de una década, en la localidad madrileña de Tres Cantos.

Los integrantes iniciales se conocieron en el instituto. Dicen que han compartido aulas, bares y canchas de fútbol, además de salas de ensayo. Y llevan más de 10 años fogueándose en el escenario -para muchos su mejor perfil-, así como creándose una personalidad. Y vaya que se nota.

El hoy sexteto conformado por Pucho (voz), David "el Indio" (batería y coros), Álvaro B. Baglietto (bajo), Jorge González (percusiones y programaciones), Guillermo Galván (guitarras y coros) y Juan Manuel Latorre (guitarras y teclados), suena sólido, afiatado como banda de larga data –de hecho componen entre todos-, pero con frescura y twist particular.

Lo más divertido es que ninguna disquera los firmó. Acusados de “muy arriesgados” para las más comerciales, y “demasiado mainstream” para las indies, tuvieron que conformar su propio sello, Pequeño Salto Mortal, para sacar esta placa inicial, que no tardó en hacerse de premios.

Y quizá nunca mejor elegida la imagen de portada: un niño que salta entre dos bancos en un muelle junto al mar. Tienen fortaleza rockera, como lo muestran sus riffs de guitarra y contundencia percusiva. Pero también sentido lírico, una capacidad para contar historias, con cierta sofisticación y profundidad.

Diría que a veces, si uno se descuida, puede quedarse pegado con la melodía y dejar desapercibido lo brutal de las letras. Creo que algo de eso pasa con la versión acústica de “Un día en el mundo”, y por eso, más allá de lo curioso y divertido del otro video, prefiero la fuerza del original:



Siempre me ha llamado la atención que muchos cantantes españoles de rock nieguen de antemano a quienes –para bien o para mal, y más allá de los usos que se han hecho de ellos- son los grandes vocalistas de su historia, como Camilo Sesto o Rafael –hasta Bono sabe que Sinatra siempre será “La voz”.

De allí quizá que muchos de los roqueros españoles prefieran esa vocalización un tanto gutural y lo más alejada posible a la de aquellos 'maestros vocales'. El problema es que, en el mejor de los casos, pueden sonar a Sabina -casi nunca a Tom Waits-, y la mayoría de las veces sólo recuerdan berridos con café, alcohol y cigarro, sin nadita de lo sexy del desgarro emocional.

Pucho, en cambio, me sorprendió por lo potente y particular de su fraseo. Le salió bien la estrategia. Su voz tiene algo de carrasposa, pero con amplia tesitura y mucha fuerza. Logra llegar a tonos altos y brillantes, pero conservando lo rugoso.

Como banda, me impresiona especialmente su contundencia en vivo: riffs de guitarras potentes y certeros, un pulso irrefrenable y contagioso entre batería, bajo y percusión, todo hilvanado por el fraseo peculiar de Pucho, como puede verse muy bien en temas como “La Cuadratura del Círculo”.



(Ésta es la primera entrega de una serie sobre recomendaciones de música actual en España, titulado Música contundente para llevar)