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lunes, 9 de noviembre de 2009

Conversando sobre la Poética del Rock Latino en Casa América

Los recalcitrantes de la “alta cultura” con suerte dirán que sólo Bob Dylan cabe en la categoría de poeta.

Y si habláramos de Latinoamérica, a lo mejor se atreverían a mencionar con simpatía al flaco Luis Alberto Spinetta, más por sus libros de poemas que por sus fulminantes canciones.

Pero basta de purismos y sandeces: la historia del rock está más llena de poetas que la producción actual de muchas editoriales que se ven por allí.

Y aunque en América Latina, dictaduras, represiones y desinformaciones retrasaron un tanto su desarrollo, el rock y pop de la región lleva varias décadas cosechando un interesante historial de versos.

Sobre el influjo literario y el acento poético del rock latino estaremos conversando este jueves, en Casa América Catalunya, Carlos Piegari, ex miembro de la histórica agrupación Sui Generis, Jaime Nieto, periodista musical y director de Latin-Roll, y mi persona.

Jaime establecerá relaciones entre obras concretas de la literatura y ciertas canciones de músicos que hoy ya podemos considerar ‘nuestros clásicos’. Carlos disertará, a partir de su propia experiencia, sobre el oficio del letrista, sus fuentes de inspiración y su reivindicación frente a la poesía lírica.

Y yo me decantaré por nuevos estandartes: neocantautores que, echando mano tanto de la música de raíz como de las aportaciones de la electrónica, vienen renovando el rock-pop latino, desde una canción revisada sin prejuicios congelantes.

En el marco de su ciclo de Música y Literatura, la Mesa Redonda sobre La Poética del Rock Latinoamericano será en Casa América Catalunya (Córsega, 299), este jueves 12 de noviembre, a las 19:30 h.

lunes, 22 de junio de 2009

Cuchillo en entrevista para la revista LaDosis:
“Al hipnótico filo del folk”

Hace unos meses escribía, en una serie titulada Música contundente para llevar, un post acerca de Cuchillo, un dúo que comenzó conquistando la escena catalana con minimalistas toques en directo, y que en 2008 terminó de erigirse como banda revelación en las listas españolas, gracias a un disco debut de inspiración retro y melodías revestidas de loops.

Oriundos de San Sebastián y Vigo, Israel Marco (Guitarra y voz) y Daniel Domínguez (batería) se conocieron en el emblemático Café Zurich de Barcelona -sí, no es cliché- para dar origen al grupo.

No lejos de allí me encontré con Israel, el compositor de la banda, para una entrevista de presentación a Venezuela, que se acaba de publicar en la edición #4 de la revista LaDosis, y que aquí reproduzco en versión ampliada.

Si de introducciones se trata, los medios y la crítica no dejan de ubicar a Cuchillo entre lo mejor y más fresco de la Península: 1er. Mejor Debut y 2do Mejor Disco Nacional de 2008, según Muzikalia; Mejor Disco Nacional para Go Mag; 4to Mejor Disco en el ranking de Scanner FM, y el 8vo. mejor según la revista Rockdelux.

Enlazando loops de guitarra, armonías de voz, baterías con distintas texturas y mucha percusión, han teloneado a grupos como Black Rebel Motorcycle Club, Damon & Naomi y Carla Bozulich, además de compartir escena con bandas amigas como The Black Angels y Magic Mirror.

Sus directos siempre sorprenden. Es difícil creer que lo envolvente de su sonido proviene de sólo dos músicos que experimentan con capas de guitarra, voz y batería. Y a la hora de definir su sonido no hay más remedio que acudir a una retahíla de referencias que van de la psicodelia británica y de la Costa Oeste de Estados Unidos, al krautrock alemán, el post-rock y el folk.

“Hay gente que dice que sonamos muy americano o británico, pero para ellos somos exóticos”, comenta divertido Israel, recordando la gira que los llevó de Tucson a Portland, pasando por el desierto de Joshua Tree, hasta San Francisco, Los Ángeles y Nueva York. A éstas y otras ciudades volverán al final del verano, luego de varios toques por España y Europa.

Este 17 de julio se presentarán en la Plaça del Rei, en el marco del Festival Grec 09, junto con Bèstia Ferida y DJ Manu González. Y ya están debatiendo sobre lo que será su próximo disco que, según prometen, seguirá al filo de las clasificaciones.

-Cuando se habla de Cuchillo se menciona desde Popul Voh, hasta Syd Barret, la Velvet Underground y The Byrds. Aunque pueden ser odiosas las clasificaciones, ¿cómo se presentarían a Venezuela?

Para mí siempre es muy difícil clasificar, porque es la música que hago y debería hablar por sí sola. Además, clasificar no es mi trabajo (risas)… pero diría que es un rock muy abierto, con un punto muy hipnótico y también un mimo a la canción, por lo cual podríamos decir que también tiene una raíz pop. Es más como un rock fronterizo hipnótico experimental, con pinceladas de folk.

-En Cuchillo puede percibirse claramente una raíz de psicodelia. ¿Qué cosas han tomado de los 60 y 70 y cuáles serían los aportes que los ubican en la actualidad?


De los 60 está sobre todo la psicodelia a nivel de apertura y de dejarte llevar por lo que es la canción. Y de los 70 está la parte más experimental del rock europeo, el krautrock alemán y el vuelo de cuando llegaron las nuevas tecnologías. Es un rock alejado de la raíz del blues, con progresiones muy largas y un esquema de canción distinto, porque no es verso-estribillo-verso-estribillo, sino que vuela un poco más. De ahí viene la parte más hipnótica y ambiental.

-¿Y lo actual vendría dado por el uso de loops y las nuevas tecn
ología que, entre otras cosas, es lo que les permite sonar como una banda siendo sólo dos?

Claro, es el uso de loops, pero también viene de intentar sonar a nosotros mismos, que somos de ahora, por lo tanto es música actual. Montar una banda de dos personas ahora es más fácil. Existen limitaciones, pero también es algo positivo, porque cuando son dos personas, te concentras en lo esencial. Buscas rellenar huecos, pero muchas veces no puedes, entonces lo dejas crudo y te vas más a la esencia de lo que es la melodía, de lo que es el sonido en sí y el vacío que puede haber en un dúo de batería, guitarra y voz. Creo que Cuchillo hace una música europea, con raíces americanas e inglesas, pero música europea española actual.

-Es curiosa la riqueza que logran entre los dos: melodías revestidas con varias capas de armonías
de voz y guitarra, percusión minimalista pero también envolvente. ¿Cómo hacen para que no se sienta un espacio vacío en el escenario, o para que ese vacío sea un valor?

Creo que el punto es que la canción manda, siempre va a un lugar, y creo que entre los dos lo conseguimos. La parte armónica y melódica, que es la que yo trabajo, con el motor de la canción, que puede estar en las guitarras y las texturas de batería de Dani, funcionan.

Hay músicos que se quieren lucir y te dicen “yo quiero meter este redoble que me sale de puta madre”. Y uno: “pero tío, la canción no quiere ese redoble”. Dani, en cambio, no sólo tiene un oído excelente sino muchísimo gusto. Sus baterías son muy ambientales, con mucha percusión, muchas texturas. No suele haber ritmos clásicos de bombo, charles, caja.

Es una cosa coja, pero en el buen sentido, como puede ser la Velvet Underground, que es sólo un timbal y una pandereta. A veces no necesitas más. La lucha es conseguir un ambiente a partir de esos vacíos. En directo todo es mucho más visceral, te dejas llevar por el sentimiento del momento y por la canción. Realmente en directo es donde más disfrutamos. Al entrar al estudio, depende de cada canción, pero intentamos mantener la esencia de dúo. Lógicamente metemos más arreglos e instrumentos, porque tratamos de forma distinta al estudio y al directo.

-Aunque te remites a la canción, su sonido no se parece al de los grupos pop español actual, ni por la instrumentación, ni por la forma de cantar. ¿Qué buscas con tu voz?


La voz yo la trato como un instrumento más. En la mayoría de los temas hay una línea de guitarra que es la línea melódica, y lo que hago es trabajarla también con la voz. Se crea una especie de dúo entre la guitarra y la voz. Eso me viene, no sólo porque me gusta como suena de esa manera, sino porque en mucha de la música que escucho, Los Beatles y Robert Wyatt, por ejemplo, funciona así.

En la música africana pasa lo mismo. Ésa es mi influencia vocal. Algo parecido sucede con las letras, también están muy ligadas a lo musical. Está el mensaje, pero siempre viene dado por el efecto de la música en mí. Rara vez he escrito una canción a partir de la letra, siempre empiezo por la música.

-La influencia
africana no es tan evidente, ¿qué escuchas de África?

Un montón de cosas. De lo actual me gusta Tinariwen, que es un grupo tuareg asentado en Mali. Tiene un poco la raíz del blues, de la mano de Ali Farka Touré, pero siempre manteniendo ese punto hipnótico, sobre todo en las guitarras. Es una música muy de desierto. Escucho “funk” africano como puede ser Fela Kuti o un montón de grupos de Ghana; había mucha escena en los setenta. Escucho el neo-reggae de la rumba congoleña.

-¿Y de acá de
España?

Mmmm… me gustan algunas canciones de Nacho Vegas. Hay cantautores que me gustan, pero no hay nada que realmente me capture en todos los discos, sino cosas puntuales. En cambio en el flamenco está Camarón o Paco de Lucía; no hay nada como eso. Y luego, más cerca de lo que hacemos, una banda que me gusta y de la cual sí soy muy fan son Los Brincos. Hicieron grandes canciones y sí me han influenciado mucho.

-¿De Latinoamérica?


Conozco cosas, pero sobre todo argentinas y brasileñas. Me encanta Caetano Veloso, el tropicalismo, Os Mutantes, Gilberto Gil, Vinicius de Moraes.

-¡Pero si todo es también de los 60 y 70!


(Risas). Claro, pues de los actuales conozco poco. Conozco de Argentina a Pescado Rabioso, que también es de los 70. De ahora el Kevin Johansen me gusta. Pero bueno, realmente no conozco mucho, y de venezolanos no conozco nada. Seguro tú me puedes ayudar en eso.

-Tus letras son mayormente en inglés. ¿También es por la sonoridad d
el idioma?

Para mí el idioma del rock es el inglés, de hecho la palabra es inglesa. Entonces casi por defecto compongo en inglés. Pero cada idioma tiene su clave. Hay veces en que por sonido me funciona mejor el inglés, y hay veces en que funciona mejor el castellano. Está en función de lo que uno quiere transmitir. Cada lengua tiene sus virtudes. La palabra amor en francés, tiene una connotación mucho más fuerte que love. En “Summertime in Sweden” hay dos versos en sueco. Y ahora estoy trabajando en una canción que posiblemente sea en francés. La lengua es también muy libre para mí.

-¿Cuál es el próximo reto, musicalmente hablando?


El próximo disco es un reto, porque va a ser distinto. Todo está yendo por un camino bastante más experimental. Será más ambiental, siempre con un respeto por la canción y el trabajo en la melodía, por lo que siempre va a estar ligado al rock y al pop, pero mucho más experimental.

No sé si habrá un sonido estrictamente psicodélico, quizá sí porque lo tengo en la sangre. Pero creo que la psicodelia estará más por conectar con el alma en un sentido musical, por dejarse llevar e ir hacia terrenos desconocidos, por experimentar cosas que sólo puedes hacer a través de la música.

Trabajaremos más con las sensaciones, ésa es la parte psicodélica que siempre va a existir, pero lo que viene tendrá un punto más oscuro. También va a ser difícil de catalogar, así que tendré que llevar mi lista de adjetivos para que los pongan en las notas de prensa (risas).

LaDosis #4

Presentada el pasado 14 de junio, ya está rodando por las calles de Caracas la edición #4 de la Revista LaDosis.

Un extenso reportaje sobre la Movida Acústica Urbana, el colectivo de ensambles instrumentales que viene renovando la música de raíz venezolana, ocupa la portada.

También se incluyen en esta entrega una cronología sobre el desarrollo del rock progresivo y sinfónico venezolano; notas sobre el bajista Oscar Fanega y el salsero Gerardo Rosales; entrevistas a Jorge Drexler, Zeta Bosio y la mencionada a Cuchillo, además de reseñas de conciertos, libros y discos, y otros análisis.

LaDosis se consigue gratuitamente en Discotiendas Esperanto, las universidades Católica Andrés Bello, Metropolitana, Santa María y Simón Bolívar, el Goethe-Institut Venezuela, la Alianza Francesa, el British Council, así como en distintos conciertos y eventos.

sábado, 12 de mayo de 2007

Catando nuevos narradores… y promotores: Héctor Torres

Por cuestiones de tiempo y espacio no pude incluir formalmente en el reportaje Venezuela descubre nuevas voces narrativas, publicado en el diario El Mundo el 23 de abril, las respuestas que Héctor Torres dio a mi encuesta entre autores noveles.

Sin embargo, sin su apoyo y orientación como promotor y compilador de las nuevas letras venezolanas, a través de Ficcion Breve y la Semana de la Narrativa Urbana, hubiera sido muy difícil concretar la entrega.

Sé que muchas de sus posiciones y observaciones sí pudieron colarse en mi reporte. Pero, dada su experiencia y pasión catando nuevas voces, creo que sus palabras pueden ser perfectas para cerrar esta serie.

He aquí, pues, la entrevistilla al novel escritor y promotor tenaz, con mi gratitud adosada. ¡Salud!

Héctor Torres (1968)
En librerías: Las voces secretas (Antología de Alfaguara) y, próximamente, El amor en tres platos (Editorial Equinoccio).
En Internet: Ficción Caracas
Reconocimientos: Dos menciones en el Concurso de Cuentos de SACVEN

-¿Consideras que actualmente existe en realidad una propuesta diferenciada de nuevas voces narrativas?
-No creo que exista una propuesta unificada como resultado de algún manifiesto estético. No existen, de hecho, movimientos literarios en la actualidad. Lo que sí considero es que las tendencias espontáneas marcan siempre a cada generación. Los narradores de esta generación escriben, sin ninguna duda, distinto a los de generaciones anteriores y, en cierto modo, con rasgos comunes.

Los "héroes literarios de moda", las realidades circunstanciales, las tendencias estéticas -incluso, las convicciones en torno a la historia de nuestra literatura- producen una textura, una especie de lectura de la realidad que podría ser definible en ciertos elementos comunes.

-Si es así, ¿qué distingue a estas nuevas voces?
-Sus características no nacen de ciertos dogmas o convicciones reunidas en manifiestos ni movimientos, pero creo que las voces contemporáneas tienen efectivamente ciertos rasgos comunes. Uno de los más significativos es que no reniegan de la tradición de la que forman parte.

Que Federico Vegas, en el Falke, reivindique a Rómulo Gallegos; que muchos escritores jóvenes admitan entre sus influencias a Francisco Masianni y a Eduardo Liendo, por mencionar a algunos; que Ana Teresa Torres, José Pulido, Victoria de Stefano sean leídos y discutidos por los nuevos creadores, son señales inequívocas y positivas de que se reconocen como parte de una historia.

Otro rasgo interesante es que la narrativa venezolana, que en un tiempo centró su atención en el campo y luego dio un giro radical hacia parajes lejanos y exóticos, tiene un tiempo usando a Caracas como locación de sus historias, como foco de sus preocupaciones.

Otras características comunes vienen dadas por ciertas tendencias estéticas, realidades históricas y circunstancias varias; como el hecho de que vivimos en tiempos sumamente visuales, violentos e incrédulos.

-En tu caso particular, ¿cuáles son tus búsquedas, tus estéticas? ¿Cómo podrías definir o caracterizar tu obra?
En mi caso, y creo que será el caso de muchos autores en formación, he pasado por varias búsquedas, motivadas por los propios períodos de mi vida y por las lecturas que, en cada época, me han ido formando.

En la actualidad, mis asombros lo producen los aspectos más invisibles de la vida cotidiana, buscar una mirada todo lo novedosa que se pueda sobre las cosas que están allí y que a veces ignoramos, como el deseo, el paso del tiempo, la locura de un ser querido y las angustias que agotan y enajenan al común de las personas, en su día a día.

-¿Cuáles crees son las principales barreras para desarrollarse como escritor?
Las principales son, en muchos casos, internas. Como en ninguna parte te dan una acreditación como escritor, ni existe algún hecho unificado que te certifique en el oficio, el de escritor es un destino que se impone. La falta de convicción de ese destino, de resistencia ante la adversidad, de capacidad de trabajo, son algunos de los principales enemigos del escritor en ciernes. Y la causa de que muchas vocaciones se queden en el camino.

John Gardner asegura que el novelista tiene alma de campesino, por eso de la tozudez y la capacidad de aguante frente a las adversidades. Las barreras que se desprenden de la ausencia de una infraestructura de apoyo y de políticas gubernamentales, son posteriores a esto y siempre podrán ser vencidas con la voluntad adecuada.

-¿Crees que las editoriales están abiertas a las nuevas voces?
-Las primeras que apuestan con riesgo son las editoriales pequeñas. Son las que tienen menos que perder. Cuando el asunto prende y comienza a dar beneficios, a cuesta del riesgo de las pequeñas editoriales, las grandes suelen sumarse. Así funciona con todo y, de alguna manera, tiene su explicación. El autor tiene que ganar espacios para ir haciéndose de escenarios de mayor alcance. Después de todo, en ninguna parte editar es fácil.

La dificultad adicional que tiene Venezuela es que las casas matrices de las editoriales extranjeras con sede en nuestro país, nos han visto durante muchos años como un mercado y no como una veta. Queda de los autores hacerles cambiar esa perspectiva. Y, de hecho, está ocurriendo. Una muestra de ello, es la edición de las últimas obras de Planeta en Venezuela (Puntos de sutura, de Oscar Marcano, por ejemplo), las cuales se están distribuyendo en otros países de la región. Eso va abriendo espacio a otros autores.

-¿Y la crítica?
-En Venezuela hay poca crítica, pero la poca que hay ha estado muy pendiente del acontecer de las nuevas voces. Sé que reconocidos estudiosos de nuestras letras leen los libros que les mandan, indistintamente de que no sean autores conocidos. O asisten a eventos como la Nueva Narrativa Urbana, porque están atentos a lo que está por suceder.

-Las editoriales últimamente han publicado muchas obras venezolanas, pero dedicadas a ensayos y grandes reportajes ¿Crees que hay posibilidades para el autor de ficción?
-Sí, claro. En estos últimos dos años se han publicado cerca de una docena de primeras novelas. Editoriales como Mondadori han editado más de diez libros en estos últimos años. Igual ímpetu está mostrando Equinoccio. Y los libros que salen del Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila. La poesía sí tiene más dificultades para publicar, y sin embargo tiene sus escenarios en los que es posible alcanzar la publicación.

-¿Cuáles serían tus expectativas y necesidades para desarrollarte como escritor?
Las expectativas son, me parece, las naturales a todo escritor: ser leído. Y si uno puede lograr que un mayor número de personas lo lean, creo que se acerca cada vez más a lo que aspira. No creo en autores que escriben para la gaveta. Hay en eso más un mecanismo de protección que una convicción.

-Recopilaciones de nuevas voces o encuentros como la Semana de la Narrativa -donde participas directamente como organizador-, a veces unen autores de distintas generaciones, a veces no tan nuevos y muy distintos. ¿Qué consideras positivo y negativo de estas iniciativas? ¿Qué sugerencias harías para mejorarlas?
-De positivo todo. Cualquier foro o espacio de encuentro y de proyección es una buena noticia en sí. Con las antologías siempre suele quedar gente descontenta. Es normal que los que estén fuera se sientan mal. Esto también parte de una idea, acaso inocente, de que las antologías legitiman o totalizan la literatura de un momento.

Las antologías no son más que libros hechos con las limitaciones de información del autor y del editor. En ellas hasta pueden privar los prejuicios y las supersticiones de los mismos. No aparecer en una antología sólo indica que no se coincidió con esos parámetros. No se debería dar más importancia que eso. Ahora, eventos como la Semana de la Narrativa, pudiesen ser más vistosos si se pudiese tener recursos para movilizar autores de las regiones. Pero, más recursos suponen más compromisos y más restricciones. Por tanto, después de todo están bien así.

-Hablando en términos de acto creativo, ¿cuál crees ha sido tu mayor acierto y tu mayor error?
-Los errores viven en una franca competencia por superarse permanentemente. He allí el indicativo de que se está creciendo. Cada cuento, cada versión de una novela, da cuenta de una serie de errores imperdonables que van dejando sus enseñanzas. Incluso publicadas las obras, se tropieza el autor con errores que ponen a prueba la vocación de escritor. Es el motivo por el cual muchos autores no leen sus obras publicadas. En cuanto a aciertos, como soy un optimista irremediable, sé que el mayor acierto, el mejor momento, siempre está por venir.

-¿De qué viven las nuevas voces?
-Como ahora los diplomáticos son militares, pues ahora los autores no pueden ser diplomáticos, que era un oficio perfecto para escribir. Los autores trabajan duro en sus oficios, o los mantienen sus esposas, o pasan hambre. Esas dificultades y esa resolución de mantenerse en el oficio, producirán una generación de buenos escritores.

-¿Cuál crees será el futuro de las nuevas voces?
-De las nuevas voces se puede esperar mucho. Pero, como le respondí a Rafael Osío Cabrices –en El Librero-, la literatura se riñe con las matemáticas. El momento es oportuno. Hay editoriales que publican a nuestros autores, hay lectores, las librerías ya no relegan nuestros libros a los anaqueles más oscuros, el público asiste entusiasta a los eventos, los mayores están atentos a los que vienen detrás, hay nuevos espacios para la formación, los blogs y los sitios web están sustituyendo a la ausencia de espacios en la prensa escrita, nuestros autores comienzan a tener reconocimiento fuera de nuestras fronteras… Todo está tan a favor que, como la vida gusta de las ironías, puede que no ocurra nada. Sin embargo, hasta que no termine sucediendo lo contrario, se puede esperar mucho de nuestras letras en los próximos veinte años.

jueves, 10 de mayo de 2007

Catando nuevos narradores: Salvador Fleján

Foto: Héctor Castillo

Salvador Fleján (1966)
En librerías: Intriga en el CarWash (Mondadori), De la urbe para el orbe (Antología de Alfa), Las voces secretas (Antología de Alfaguara)
En Internet: T.V. Confidencial
Reconocimientos: Primer premio en el Concurso Nacional de Cuentos SACVEN, 2003; mención de honor Primer Concurso de la Bienal de Literatura Colombo-Venezolana; premio único en el Concurso Nacional de Cuentos de FUNDALITA, 2004.

-¿Consideras que actualmente existe en realidad una propuesta diferenciada de nuevas voces narrativas?
-Hablar de “boom” con respecto a la nueva narrativa venezolana me parece un poco exagerado. Pienso que lo que ha habido es una suerte de apertura editorial como nunca antes en nuestro país. Ahora, si bien es cierto que en los dos últimos años se ha publicado muchísimo, no es menos cierto que cantidad no implica necesariamente calidad. Pero volviendo al tema central, considero que en la actualidad vivimos un momento especial para quien desee editar sus trabajos. Ya se encargará el tiempo de decantar cuál propuesta tuvo validez o no.

-Si es así, ¿qué distingue a estas nuevas voces?
-Ahorita hay jóvenes que no alcanzan la treintena que escriben con una madurez sorprendente. Rodrigo Blanco Calderón, Carlos Ávila y Enza García Arreaza son nombres que darán mucho de que hablar en los próximos años. Son voces de una estética particularísima y con cosas importantes que decir. Tienen bien claro sus proyectos narrativos y la manera como plasmarlos. Hay otros escritores que trabajan en silencio y que poco a poco irán mostrando sus propuestas.
Lo más visible de estas nuevas voces es que le han declarado la guerra al fastidio, a la grandilocuencia y a la pedantería vacua que caracterizaba al escritor venezolano de viejo cuño. Por escritores como (José) Balza, (Luis) Britto García o (Rafael) Arráiz Lucca fuimos el hazmerreír del continente por muchos años.

-En tu caso particular, ¿cuáles son tus búsquedas, tus estéticas? ¿Cómo podrías definir o caracterizar tu obra?
-Lo que trato de hacer con mi trabajo es entretener al lector. No deseo dar lecciones morales, ni educar y mucho menos dormirlos. La intención de mi narrativa, si es que la hay, es introducir al lector en mi vértigo personal, en mi visión de las cosas. Contarle cosas interesantes y cercanas. Mi proyecto literario es bastante sencillo. La verdad es que no me propongo salvar al mundo con mis relatos.

-¿Cuáles crees son las principales barreras para desarrollarse como escritor?
La principal barrera con la que se encuentra el escritor venezolano es la de querer ser escritor sin escribir. Parecerá un chiste, pero es así. Acá hay personas que codician el “brillo” y el prestigio del escritor pero no están dispuestos pagar la cuota de sacrificio que eso conlleva. A mí me dan mucha gracia esas señoras de la tercera edad que se te presentan en una fiesta como “escritoras”. Pareciera que ser escritor ha tomado el puesto de falso prestigio que en los ochenta tuvo el ser abogado.

-¿Crees que las editoriales están abiertas a las nuevas voces?
-Como creo haberte dicho antes: quien no publique ahora se arrepentirá para toda su vida.

-¿De qué viven las nuevas voces?
-En la actualidad soy jefe de redacción de una revista de bodas. De eso vivo aparte de trabajos de edición que hago free lance.

-¿En qué estás trabajando actualmente?
En la actualidad trabajo en un segundo libro de relatos cuyo tema es la televisión y en una novela sobre un venezolano que combatió en la Guerra del Golfo.

-¿Cuál crees será el futuro de las nuevas voces?
-El futuro de las nuevas voces es, sin duda, muy promisorio.
[Entrevista realizada como parte de mi investigación para el reportaje Venezuela descubre nuevas voces narrativas, publicado en el diario El Mundo el 23 de abril.]

miércoles, 9 de mayo de 2007

Catando nuevos narradores: Rodrigo Blanco Calderón


Rodrigo Blanco Calderón (1981)
En librerías: Una larga fila de hombres (Monteávila Editores), De la urbe para el orbe (Antología de Alfa).
Reconocimientos: Ganador del Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, 2005; ganador del Concurso de Cuentos del diario El Nacional, 2006; receptor de menciones en los concursos de SACVEN y la Unión Latina.

-¿Consideras que actualmente existe en realidad una propuesta diferenciada de nuevas voces narrativas?
Habría que precisar qué se quiere decir con “una propuesta diferenciada de nuevas voces”. ¿Diferenciada entre sí como conjunto o diferenciada con respecto a las “propuestas” narrativas de décadas anteriores?

-Si es así, ¿qué distingue a estas nuevas voces?
-El rasgo más distintivo de este conjunto de nuevos narradores ha sido señalado en varias oportunidades: la recuperación de la anécdota. Tanto los cuentistas como los novelistas venezolanos contemporáneos hacen de la historia y la trama su principal preocupación. Quizás haya que preguntarse, más bien, por qué en algunos períodos de nuestra historia literaria los narradores le han dado la espalda a la anécdota…y a los lectores.

-En tu caso particular, ¿cuáles son tus búsquedas, tus estéticas? ¿Cómo podrías definir o caracterizar tu obra?
-Sólo tengo un libro publicado y, por lo tanto, hablar en mi caso de “obra” es excesivo. En todo caso, no sé y no me interesa mucho definirla. Mis búsquedas son las de cualquier narrador: yo busco una buena historia para contarla. Una historia que atrape de principio a fin al lector. Las coordenadas estéticas me las dan mis autores favoritos, a los que uno, consciente o inconscientemente, está siempre mandándoles cartas: Ricardo Piglia, Fernando Vallejo, Roberto Bolaño, (Francisco) Massiani, (Rómulo) Gallegos, (Mario) Vargas Llosa y un largo etcétera.

-¿Cuáles crees son las principales barreras para desarrollarse como escritor?
-La barrera principal de un escritor, sea exitoso o fracasado, siempre es la misma, me parece: el lenguaje. Escribir es tratar de domesticar un monstruo que lo termina dominando a uno. Un monstruo que tiene tantas cabezas como palabras existen en el mundo. Hay, por supuesto, barreras más concretas como el aspecto laboral y económico. Los escritores deben robar parte de su vida diurna y utilitaria para poder escribir sus historias. Pero creo que aún teniendo todo el tiempo del mundo para escribir, la dificultad principal permanece intacta: el lenguaje.

-¿Crees que las editoriales están abiertas a las nuevas voces?
-Sí.

-¿Y la crítica?
-Creo que la crítica literaria no está abierta ni a las nuevas voces ni a las ya conocidas. No obstante, antes de echarle ese muerto a los críticos creo que habría que interpelar, en primer lugar, a los periódicos. Los periódicos venezolanos se han dedicado, con una constancia envidiable, a eliminar todos los espacios de discusión, difusión y ponderación de la literatura. Los han recortado poco a poco, pero de manera inflexible.

-Las editoriales últimamente han publicado muchas obras venezolanas, pero dedicadas a ensayos y grandes reportajes ¿Crees que hay posibilidades para el autor de ficción?
-No estoy de acuerdo con esa afirmación. ¿De dónde sacan eso de que aquí se privilegia el ensayo sobre la ficción? Con respecto a lo otro, sí creo que los narradores venezolanos tienen en este momento muchas más oportunidades de publicar sus libros que en décadas anteriores. La lucha tiene que ser ahora por lograr que nuestros libros brinquen la frontera y salgan al encuentro de los lectores de otros países. Esa es una tarea pendiente de las editoriales.

-¿Cuáles serían tus expectativas y necesidades para desarrollarte como escritor?
-Me gustaría que no me abandonara nunca la necesidad de escribir. Mientras sienta siempre ese impulso, está bien. La expectativa es que ojalá se mantenga este nivel de producción escritural y editorial, y que las editoriales refuercen el espaldarazo que ya nos están dando, promoviendo nuestra literatura en otros países.

-Recopilaciones de nuevas voces o encuentros como la Semana de la Narrativa a veces unen autores de distintas generaciones, a veces no tan nuevos y muy distintos. ¿Qué consideras positivo y negativo de estas iniciativas? ¿Qué sugerencias harías para mejorarlas?
-La verdad es que me pongo a pensar y no encuentro nada negativo en estas actividades. Creo que todo, en este sentido, es ganancia.

-Hablando en términos de acto creativo, ¿cuál crees ha sido tu mayor acierto y tu mayor error?
-Escribir.

-¿De qué viven las nuevas voces?
-Del tigreo en el mundo editorial. Artículos en publicaciones arbitradas, reseñas en revistas y periódicos, haciendo de corrector de algunas editoriales, leyendo bodrios o cosas magníficas para recomendar o no recomendar su publicación, y así. Por lo menos ése es mi caso.
-¿En qué estás trabajando actualmente?
-Desde hace casi tres años mi trabajo fijo es ser profesor universitario. Doy clases en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, que es igual a formar parte de la Cruz Roja o de un cuerpo de voluntarios: es algo que se hace por pura pasión...es, de hecho, como una versión actual de la Pasión. Uno atraviesa un calvario burocrático que te llama a desistir y uno solo continua, como el Cristo, por pura convicción.
-¿Cuál crees será el futuro de las nuevas voces?
-No sé. Muchas veces pienso en eso, en los 3 ó 4 escritores que sé que pueden darle a nuestra literatura grandes obras en unos pocos años. Pienso en eso y me da vértigo la posibilidad de que en realidad suceda. No sé cómo explicarlo.

[Entrevista realizada como parte de mi investigación para el reportaje Venezuela descubre nuevas voces narrativas, publicado en el diario El Mundo el 23 de abril.]

lunes, 7 de mayo de 2007

Catando nuevos narradores: Jesús Nieves Montero

Foto: Joaquín Ferrer

Jesús Nieves Montero (1977)
En librerías: De la urbe para el orbe (Antología de Alfa), Juegos de amor / Juegos de memoria (Pegaso Ediciones / Comala), Juegos de perdón (Comala), Últimos juegos (Comala).
En Internet: Vivir es cuestión de método
Reconocimientos: Mención especial Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores; Segundo lugar del Premio Latinoamericano de Literatura Joven Dupont-M.E.E.T; Primer lugar en el Premio Internacional de Narrativa de The Cove / Rincón y Pegaso Ediciones.

-¿Consideras que actualmente existe en realidad una propuesta diferenciada de nuevas voces narrativas?
-Yo diría que puede que la haya, y también hay un interés renovado en saber quiénes son estas personas y qué escriben. Pero no me parece que haya algo inherentemente nuevo porque esos entusiasmos espasmódicos son parte de nuestra cultura. Esto me recuerda aquella frase que utilizaba la profesora del IESA, Janeth Kelly, para hablar de la cultura del operativo: al venezolano no le gusta seguir un cauce normal, sino que en una jornada maratónica, seguramente con mucha cola y sol, uno haga su trámite. Siento que las que han sido nuestras "nuevas narrativas" han tenido su operativo en algún momento y hay como embriaguez de nuevos narradores. Esperemos que esta vez trascendamos el operativo.

-Si es así, ¿qué distingue a estas nuevas voces?
-Me dolió mucho escuchar a Sergio Pitol, durante un taller de novela organizado por la Fundación Atempo en el año 2001, decir que lo que recordaba de los escritores venezolanos de una experiencia en 1985, en un taller con escritores de toda Latinoamérica, era que eran de lecturas pobres; que habían leído poco la gran tradición de lengua castellana, cambiándola por malas traducciones de autores sajones. Había escritores consagrados en esa sala y nadie replicó.

Siento que los escritores hoy tenemos un nivel de lectura particularmente bueno para nuestras edades y, sobre todo, un respecto por la tradición literaria. No digo que otras generaciones no hayan tenido grandes escritores/lectores sino que siento de los últimos años esta camada destaca. Tú ves a Rodrigo Blanco Calderón y, según me parece, puedes poner en duda cualquier cosa de su obra, te puede gustar o no gustar, pero sería mentiroso o muy mezquino si le niegas su sólida formación literaria.

-En tu caso particular, ¿cuáles son tus búsquedas, tus estéticas? ¿Cómo podrías definir o caracterizar tu obra?
-Desde mi segundo libro de relatos, Juegos de perdón, hay una vocación por conectar con lo humano, mientras dejo de lado, me voy deslastrando de malabarismos. Pocas veces me interesan personajes por sí mismos, me interesa el vínculo que los une al mundo, a los referentes que tiene. Como mejor dijo Kundera, la ficción para mí o, más específicamente el personaje, es un ego experimental que ofrece una manera diferente de explorar la realidad. Como es embarazoso lo de definir mi obra y, como dice Guillermo Carrasco, hablar sobre lo propio es como desnudarse, resumiré diciendo que mis libros y todo lo que escribo es un pequeño laboratorio portátil de humanidad y lenguaje.

-¿Cuáles crees son las principales barreras para desarrollarse como escritor?
-No ayuda mucha el desprestigio social que tiene la profesión de escritor. En otros países que he visitado, siento que el escritor no será el máximo exponente de la genética, pero, como dice una canción de Fito (Páez), es una profesión con garbo, con swing, con charm. La gente sabe que el escritor es candidato a enloquecer o morir de hambre, pero le tiene cierto respeto. Acá eso es raro.
La falta de sistematización en la formación tampoco ayuda. Uno tiene que ir concatenando con talleres, cátedras en escuelas de letras, tertulias y libros.

También afecta la falta de estímulo económico a través de asignaciones transparentes y no con base en coyunturas políticas o modas estéticas impuestas por el gurú de moda. Rodolfo Izaguirre le dijo una vez a Milagros Socorro que todo lo que uno hace tiene un país, una nación detrás. Sinceramente, yo considero que esa unidad de nación se ha perdido y ahora el escritor debe resistir la tentación del pesimismo o del optimismo, cual reina de carnaval reivindicada por algún azar político y no olvidarse de la escritura.

-¿Crees que las editoriales están abiertas a las nuevas voces?
-Se comienzan a ver esfuerzos, pero nos falta una enormidad. Además, pese a que sólo puedo hablar por mí mismo, yo no creo que las nuevas voces queramos, por ser nuevos, un chorro de tinta, unas bobinas de papel, cola e hilo para encuadernar y plastificado gratis, queremos ganarlo. Como dijo Roberto Arlt, siempre he creído que "el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo".

-¿Y la crítica?
-Se hacen esfuerzos aunque, pese a sonar posiblemente arbitrario, considero que hay cierta injusticia en este apartado. Hay pocas oportunidades de publicar y cuando sale un libro es simplemente descuartizado o ignorado por no ajustarse a determinado canon. Vamos a abrir espacios no sólo de lecturas, como la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, sino de debate, de comentario. No los consagrados hablando sobre nosotros, ni nosotros hablando sobre nosotros, entre nosotros mismos, sino todos juntos analizando lo que pasa. Estimulemos que en los suplementos literarios haya espacios para estas nuevas propuestas. No comentemos sólo el libro del amigo más cercano, con el que se pasan buenos ratos tomando cerveza.

-Las editoriales últimamente han publicado muchas obras venezolanas, pero dedicadas a ensayos y grandes reportajes ¿Crees que hay posibilidades para el autor de ficción?
-Sin duda la coyuntura política ha abierto campo para estas publicaciones, y surgen apéndices como la novela Me enamoré de una chavista, que es ficción, pero es imposible desligarla de esta movida coyuntural. Claro, los números de la ficción, en términos de venta, suelen ser bajos como norma general. Pero aquí es donde uno dice, bueno, ¿el Estado actual defiende el intervencionismo? Intervenga y publique con calidad, sin mirar aprovechamientos políticos de los textos, simpatías; haga el trabajo que no pueden o quieren hacer otras editoriales.

-¿Cuáles serían tus expectativas y necesidades para desarrollarte como escritor?
-En eso soy simple, como dice Vargas Llosa al comienzo de Cartas a un joven novelista, para sentirse escritor basta por comenzar con vivir la vida de escritor, entregar a la literatura, la vida, los pensamientos, las ambiciones, supeditarlos a ella. Entonces, en principio, quiero continuar viviendo mi vida de escritor. Quiero seguir leyendo mucho, escribiendo y enseñando escritura creativa que me ha enseñado muchísimo.

-Recopilaciones de nuevas voces o encuentros como la Semana de la Narrativa a veces unen autores de distintas generaciones, a veces no tan nuevos y muy distintos. ¿Qué consideras positivo y negativo de estas iniciativas? ¿Qué sugerencias harías para mejorarlas?
-Los criterios antológicos son los criterios antológicos. Sin embargo, se perfeccionaría más el esfuerzo si se hicieran más antologías que pudieran agrupar de manera aún más clara a los autores. Así el lector no se compraría un libro genérico de voces nuevas, sino uno de nuevas voces de narrativa erótica o policial, por ejemplo. Pero sin duda es muy meritorio lo que ha hecho la gente de Alfaguara y la gente de Alfadil, junto con el Pen Club y Ficción Breve Venezolana. Aunque uno siempre ambiciona las mejores condiciones posibles para su tribu, tal vez pedirle más a esta gente, justo en este momento, sea hasta desconocer sus logros. Sirva esto sólo como invitación a seguir hasta el siguiente nivel.

-Hablando en términos de acto creativo, ¿cuál crees ha sido tu mayor acierto y tu mayor error?
-Mi mayor error es -y no es propiamente del acto creativo- mantenerme alejado, consciente y metódicamente de los grupos. Me cuesta encajar con gente que habla sólo de literatura. Me apunto con (T.S.) Elliot: con los amigos escritores terminas hablando de las penurias y problemas, mientras con el resto de la gente puedes hablar de arte y belleza. Pero la realidad es que los grupos literarios, muchas veces sin constituirse, sino simplemente en tertulias que se vuelven periódicas, sirve de estímulo tremendo para la actividad creativa y, sobre todo, genera un cierto poder de maniobra, una red de contactos que te puede llevar adonde tú quieres ir. Eso me lo reprocho, pero yo soy así, no puedo tener amigos que aparecen de repente en tu casa porque son tus colegas. No puedo tomar cerveza toda una noche mareando historias. Soy el único científico de mi laboratorio portátil de humanidad y lenguaje.

¿El mejor acierto? Ser terco. Soy un terco de primera y, aunque eso me puede llevar a recibir golpes como una pera de boxeo, al final se disfruta y nadie le quita a uno lo bailado. Se lo entrego a mis alumnos como si le diera el caracter que en la cábala encierra el nombre de dios: súmenle a todo lo que aprendimos, terquedad, rebeldía incluso contra mí, contra sus parejas, contra la razón. Sumen terquedad y, por favor, escriban.

-De qué viven las nuevas voces?
-Ésa es una pregunta interesante en una sociedad donde, realmente, el trabajo intelectual propiamente dicho está mal remunerado. Sé que varios damos clases en áreas directamente relacionadas con la literatura o con algún interés cercano (como el arte). Por otra parte, otros tienen profesiones específicas, a veces alejadas de la escritura. Yo, gracias a Dios, puedo decir que desde hace un par de años vivo netamente de la escritura -que no de la literatura-; la escritura con un sentido más utilitario como artículos para revistas físicas o web, y de la enseñanza de la escritura que me mantiene siempre muy cerca del proceso creativo, aunque no sea yo quien desarrolla estas historias.

-¿En qué estás trabajando actualmente?
-Corrijo una novela escrita hace un par de años, muy enmarcada en algunas de las circunstancias que vivió el país alrededor del año 2002, aunque un tanto alegórico. También desarrollo un proyecto de novela muy caro, muy querido para mí, en la que se reconstruyen por pedacitos, por retazos muy íntimos de un par de familias y un grupo de amigos, unos 20 años de la vida de la Venezuela que viví hasta el referendo revocatorio de 2004.

-¿Cuál crees será el futuro de las nuevas voces?
-Para mí es un asunto de coraje, como lo apuntó Norman Mailer y lo recogió Adriana Villanueva en un artículo muy hermoso que se llama "Cómo espantar a un escritor": el escritor joven necesita mucho coraje para lidiar con el fracaso, con el rechazo, hasta con la página en blanco. Esperemos que logremos tener el coraje de mantenernos, de comprometernos. Hay algo inolvidable para mí de aquellos lunes con Sael Ibañez en el taller de narrativa del Celarg hace 10 años: cuando él repetía que la vocación literaria subyuga y cobra cara la traición. Espero no traicionarla, tener el coraje para no hacerlo.

[Entrevista realizada como parte de mi investigación para el reportaje Venezuela descubre nuevas voces narrativas, publicado en el diario El Mundo el 23 de abril.]

sábado, 28 de abril de 2007

Catando nuevos narradores: Fedosy Santaella


Fedosy Santaella (1970)
En librerías: Postales Sub Sole (Ediciones de la A a la Z), De la urbe para el orbe (Antología de Alfa).
En Internet: Caja Virtual
Reconocimientos: Mención Única en Narrativa de la Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra 2006, por Postales Sub Sole.

-¿Consideras que actualmente existe en realidad una propuesta diferenciada de nuevas voces narrativas?
-Existe un grupo de personas que están asumiendo la escritura como algo serio, y están haciendo las diligencias necesarias para que su trabajo se de a conocer. Es esta otra parte del oficio del escritor, que si no se realiza también, no completa el círculo. Me refiero a la publicación y a la participación más o menos constante en eventos que se relacionen con la escritura. Por eso los notamos, por eso sabemos quiénes son. Porque están allí, presentes. La actividades del Pen Club, las antologías, ReLectura, algunos premios literarios, el interés de las editoriales, todo eso forma parte de una dinámica necesaria Ahora, nunca hay que olvidar que lo más importante es escribir. Si no se escribe, no se tiene nada.

-Si es así, ¿qué distingue a estas nuevas voces?
-Quizás se vean algunas similitudes que, de primer momento, hacen pensar en cierta unidad de estilo, pero no estoy seguro aún sobre sus características fundamentales. Pareciera que nos estamos separando de lo “ininteligible”, pareciera que estamos buscando contar historias, pareciera, en cierta medida, que estamos siendo demasiado realistas o, en otros casos, demasiado intimistas. No obstante, creo que hay voces que intentan buscar algo más, y están dándole la vuelta al absurdo, al humor (la sátira, el sarcasmo, la ironía), a lo fantástico, buscando otros caminos que nos despeguen un poco de la ciudad capital. En estos momentos, es difícil definir lo que ocurre. También creo que están pasando cosas fuera del centro y que son excelentes, pero que quizás estén sólo en los blogs, o la memoria de alguna computadora de esta misma ciudad o del interior del país. Creo que hay que mirar más allá de Caracas, debemos ver qué ocurre con los premios del interior, darle la importancia que se merecen, y ver quiénes están trabajando también fuera de la gran ciudad e, incluso, los venezolanos que están haciendo cosas fuera del país.

-En tu caso particular, ¿cuáles son tus búsquedas, tus estéticas? ¿Cómo podrías definir o caracterizar tu obra?
-Yo busco contar, divertir y divertirme contando. Creo en lo breve, en lo directo, en lo poético dentro de lo directo, en el juego con los géneros, en las voces múltiples, en el humor en todas sus variantes, en sacarte la corbata, en el trabajo constante, en el cine, en el cómic, en la televisión y en las novelas baratas que consigues bajo los puentes.

-¿Cuáles crees son las principales barreras para desarrollarse como escritor?
-El escritor tiene que trabajar, las barreras son las que uno mismo se impone. Ponerse a pensar tonterías no ayuda; tonterías como, por ejemplo, asumir el miedo a la página en blanco sólo porque Cortázar o Borges escribieron antes de nosotros. Aconsejo la desmemoria, en estos casos.

-¿Crees que las editoriales están abiertas a las nuevas voces?
-Sí, algunas editoriales están a la búsqueda. Sólo que cuando una editorial te encuentra, tú tienes que tener algo que ofrecer. En caso contrario, de nada sirve que una editorial te haya echado el anzuelo.

-¿Y la crítica?
-Dentro de esta olla de cangrejos donde pululan los comentaristas de la envidia, el crítico debe ir de la mano del escritor y apoyarlo en su trabajo. No se me mal entienda, pero creo que es más fácil destruir que crear (la crítica es un acto de creación), y para crear, hay que ponerse serio y dejar las mezquindades.

-Las editoriales últimamente han publicado muchas obras venezolanas, pero dedicadas a ensayos y grandes reportajes ¿Crees que hay posibilidades para el autor de ficción?
-Un autor de ficción tiene, sin duda, más posibilidades que un poeta. Creo que quizás esta narrativa que ahora busca contar y piensa más en el lector que en el onanismo literario, atrae a las editoriales y tiene más posibilidades de comercializarse.

-¿Cuáles serían tus expectativas y necesidades para desarrollarte como escritor?
-Aquí lo que hace falta es que la gente empiece a creer más en lo que tiene en casa, y que deje de lanzar tomates y otras porquerías verbales en lugares como los blogs de “crítica literaria”, en foros literarios de la red, o en las librerías encumbradas en las que da miedo entrar de los solemnes que son. Esas son mis expectativas y mis necesidades, digamos más bien, mis vanas esperanzas.

-Recopilaciones de nuevas voces o encuentros como la Semana de la Narrativa a veces unen autores de distintas generaciones, a veces no tan nuevos y muy distintos. ¿Qué consideras positivo y negativo de estas iniciativas? ¿Qué sugerencias harías para mejorarlas?
-Las cosas hay que hacerlas, y me parece bien lo que se está haciendo. Ahora, este país siempre ha tenido autores “jóvenes” de cincuenta años o más. Creo que hay que distinguir. Quizás haya autores no tan “jóvenes” de edad, pero que empezaron a publicar y darse a conocer recientemente. Luego, existen otros con obra publicada, reconocidos y que están escribiendo desde hace tiempo, y que están en esos eventos. De estos autores prefiero no hablar, lo que sí puedo decir es que las “arrugas literarias” siempre se notan de cerca.

-Hablando en términos de acto creativo, ¿cuál crees ha sido tu mayor acierto y tu mayor error?
-Aún me falta mucho para poder responder esta pregunta con seguridad. Uno va dando tumbos y lo que cree que es un error se convierte en un acierto, y lo que cree que es un acierto termina siendo un error. Así trabaja el tiempo sobre nuestras tristes almas. A lo mejor las respuestas a esta excelente entrevista son un error mayor, pero quién sabe.

-¿De qué viven las nuevas voces?
-Espero que de escribir e imaginar. Yo he trabajado durante mucho tiempo en los medios audiovisuales.

-¿En qué estás trabajando actualmente?
-Trabajo en dos libros de cuentos, uno de humor y el otro también.

-¿Cuál crees será el futuro de las nuevas voces?
-Lo que queda es el trabajo, y eso jamás podrán condenarlo el olvido y la mezquindad.

[Entrevista realizada como parte de mi investigación para el reportaje Venezuela descubre nuevas voces narrativas, publicado en el diario El Mundo el 23 de abril.]

miércoles, 25 de abril de 2007

Catando nuevos narradores: Roberto Echeto

Para profundizar en los temas tratados en el reportaje sobre nuevos narradores venezolanos, publicado en el diario El Mundo el 23 de abril, a partir de hoy estaré compartiendo las consultas que hice a diversos autores. Aquí va la primera:


Foto: Jorge Aguirre

Roberto Echeto (1970)
En librerías: Cuentos líquidos (Joyas del patio), Breviario galante (Fundación para la Cultura Urbana), No habrá final (Alfa), Las voces secretas (Antología de Alfaguara).
En Internet: Roberto Echeto presenta
Reconocimientos: Fundación para la Cultura Urbana del año 2003

-¿Consideras que actualmente existe en realidad una propuesta diferenciada de nuevas voces narrativas?

-Sí, pero hay que matizar la respuesta porque podría suponerse que este grupo de «nuevas voces narrativas» irrumpió en el horizonte literario de manera violenta, hablando mal de los escritores del pasado, denigrando de la tradición y creyendo que antes que ellos no había literatura en este país, y eso no es verdad. Estos escritores (casi todos menores de 40 años) arribaron al panorama literario conscientes de que son herederos de los grandes, de Ramos Sucre, de Teresa De La Parra, de Gallegos, de Úslar Pietri, de Picón Salas, de Massiani, de Chocrón, de Elisa Lerner, de Victoria Di Stefano, de Ednodio Quintero. Las nuevas generaciones no son mezquinas y reconocen que su presencia en el panorama literario actual responde a la continuidad de un proceso que empezó hace mucho tiempo y del que no vale la pena renegar.

Y así como las nuevas generaciones de escritores leen y homenajean a sus antecesores, también son más dadas a leer, a criticar y a divulgar las obras no sólo de sus contemporáneos, sino las de los que les suceden. En ese sentido, creo que estos escritores, sin necesidad de firmar manifiestos, ni de andar de abrazo en abrazo, tiene conciencia de que cada uno forma parte de algo más grande que cada uno de ellos.

-Si es así, ¿qué distingue a estas nuevas voces?

-Creo que estas voces se distinguen fundamentalmente por:

1. El humor;
2. El uso sin complejos ni pruritos de referencias a la cultura popular universal al lado de referencias a temas de la «cultura cultural» (ésa que se escribe con C mayúscula);
3. El uso de un lenguaje sencillo al servicio del relato;
4. la conciencia de que a los lectores hay que enamorarlos porque no existe literatura sin un público lector;
5. La necesidad de escribir no tanto sobre nuestro entorno como sobre nuestros puntos de vista porque, al fin y al cabo, lo único que sobrevive en la memoria de los hombres es aquello sobre lo que se escribe.

-En tu caso particular, ¿cuáles son tus búsquedas, tus estéticas? ¿Cómo podrías definir o caracterizar tu obra?

-Yo escribo las historias que quisiera leer. Así como hay autores a quienes les gustaría escribir algo equivalente a Mahler o a Strauss, a mí me encantaría escribir algo equivalente a Ginger Baker y a Eric Clapton.

-¿Cuáles crees son las principales barreras para desarrollarse como escritor?

-El calor, el ruido, los zancudos y los idiotas que creen que tú no trabajas.

-¿Crees que las editoriales están abiertas a las nuevas voces?

-Sí, claro que sí. Y se abrirán más.

-¿Y la crítica?

-La crítica actúa con prudencia y espera que pase el tiempo para ver qué repercusiones reales (y no faranduleras) tienen los libros que salen al mercado. A veces espera demasiado, y los escritores nos ponemos ansiosos, pero, en general, nuestra crítica está abierta y atenta a las nuevas propuestas.

-Las editoriales últimamente han publicado muchas obras venezolanas, pero dedicadas a ensayos y grandes reportajes ¿Crees que hay posibilidades para el autor de ficción?

-Claro que sí. Los ensayos literarios e históricos más los reportajes periodísticos que abundan en los catálogos de nuestras editoriales, y que pretenden explicar los fenómenos sociopolíticos de nuestro país, nos descubrieron a los venezolanos que hay un público ávido de entender su entorno y su tiempo a partir de lo que escriben no sólo los grandes autores del mundo entero, sino sus coterráneos.

Como la ficción también sirve para explicar tu realidad, pues los lectores venezolanos necesitan y esperan que sus autores les cuenten su versión del mundo.

-¿Cuáles serían tus expectativas y necesidades para desarrollarte como escritor?

-Tengo miles de necesidades como escritor y muy pocas expectativas. Dadme una computadora, un disco de Marilyn Manson, una Coca Cola bien fría y dejadme solo durante un par de horas a ver qué pasa.

-Recopilaciones de nuevas voces o encuentros como la Semana de la Narrativa a veces unen autores de distintas generaciones, a veces no tan nuevos y muy distintos. ¿Qué consideras positivo y negativo de estas iniciativas? ¿Qué sugerencias harías para mejorarlas?

-No hay nada negativo. Esos eventos sólo generan hechos positivos. ¿Que no invitaron a alguien que debían haber invitado? Pues en otra oportunidad será. ¿Que invitaron a uno que no debían? Pues qué lástima. El tiempo se encargará de decir si los organizadores de ese evento se equivocaron o no invitándolo.

Y, por los momentos, no tengo ninguna sugerencia. Esos eventos tienen su propia dinámica y es muy difícil que todos quedemos contentos, pero repito: hay que estimular que se sigan haciendo y en algún momento la rueda girará de modo que aquél que no quedó contento hoy, quedará contento mañana.

Todo lo que tiene que ver con la literatura está ligado a la paciencia, a la perseverancia, al sacrificio, al trabajo duro y a comprender que nunca serás un maestro, que siempre serás el discípulo solitario de un maestro invisible e implacable.

-Hablando en términos de acto creativo, ¿cuál crees ha sido tu mayor acierto y tu mayor error?

-Mi mayor acierto es haberme comprado un aparato de aire acondicionado. Mi mayor error fue haber tratado de instalarlo yo mismo. El calor es el peor enemigo de los escritores. Las neuronas comienzan a producir tonterías después de los 30°C.

-¿De qué viven las nuevas voces?

-No tengo idea de qué viven los demás escritores. Yo vivo de escribir para la radio (soy el libretista de Papelón con limón, un programa que se transmite de lunes a viernes a través de la Mega 107.3 FM, de 12 del mediodía a 2 de la tarde), de dar clases en el Programa Superior de Escritura Creativa del ICREA y de redactar crónicas para una revista que se llama Claro y que circula todos los domingos en Maracaibo, Puerto La Cruz, Coro, Mérida, Maturín, San Felipe, Barquisimeto, etcétera. Aparte de eso, escribo a destajo piezas publicitarias y escucho rock and roll.

-¿En qué estás trabajando actualmente?

-Estoy trabajando en unos cuentos, pero los tengo rodeados de andamios y con un letrero que dice «no pase si no es empleado».

-¿Cuál crees que será el futuro de las nuevas voces?

-Los que sobrevivan a las miles de adversidades que rodean a este oficio, los que sigan escribiendo y los que se superen a sí mismos y se planteen ideas y proyectos superiores a sus fuerzas, se convertirán en «viejas voces» y les darán paso a otras nuevas voces que surgirán en el futuro. Nosotros sólo somos un eslabón más de una tradición.

martes, 24 de abril de 2007

Catando nuevas voces narrativas

En el marco del Día Internacional del Libro y el inicio de la II Semana de la Narrativa, en el diario El Mundo publiqué hoy un trabajo especial sobre nuevos narradores venezolanos.

Quienes no hayan podido comprarlo, aquí pueden visualizar el reportaje o haciendo click en la imagen.

Tal como comenté en la entrada anterior, las conversaciones con estos escritores nóveles fueron tan enriquecedoras e interesantes que no quisiera limitar sus palabras al siempre reducido espacio del periódico.

Próximamente aquí iré publicando una a una las entrevistas con: Roberto Echeto, Jesús Nieves Montero, Fedosy Santaella, Salvador Fleján, Rodrigo Blanco Calderón y Héctor Torres, éste último como promotor de las nuevas voces a través de FicciónBreve y la Semana de la Narrativa.

¡Salud por los autores emergentes!


sábado, 21 de abril de 2007

Nuevos narradores el lunes en el diario El Mundo

Dejándome impregnar por el ambiente de la segunda edición de la Semana de la Narrativa Urbana, que tomará el Centro Cultural Chacao del 23 al 27 de abril, preparé un reportaje especial sobre nuevos narradores venezolanos, que saldrá el próximo lunes en el diario El Mundo.

Gracias a la acuciosa y amabilísima ayuda de uno de sus organizadores, Héctor Torres –y algunos consejos de Israel Centeno-, pude contactar a varios de la considerada nueva generación de escritores de ficción: Fedosy Santaella, Salvador Fleján, Roberto Echeto, Jesús Nieves Montero, Rodrigo Blanco… y algunos más.

No están todos los que son y quizá en un futuro no serán todos los que ahí están. Pero quise brindar, al menos, una pequeña panorámica a los lectores de un medio masivo y tradicional acerca de qué cosas nuevas podían leer y dónde podían encontrar solvencia literaria para seguir explorando.

Los noveles y unos contaditos no tan noveles autores (¿será que alguno cambiará la v por la b? ;-) me comentaron de sus búsquedas, expectativas, estilos, apuestas e inquietudes.

Como era de esperarse, el espacio en el periódico no dio para mucho, pero como las entrevistillas-encuestas quedaron tan interesantes, pedí permiso a los dolientes y pienso irlas publicando por partes aquí.

Y en la II Semana de la Narrativa

El lunes empezará también la II Semana de la Narrativa Urbana, organizado por el Pen de Venezuela. A partir de las 7 p.m. en esta oportunidad leerán:

Lunes 23
Álvaro Pérez Capiello, Víctor Vegas y Gisela Kozak

Martes 24
Ricardo Waale, José Tomás Angola y Carlos Ávila

Miércoles 25
Mario Morenza, Marianne Díaz y Eduado Cobos

Jueves 26
Carolina Rodríguez, Rafael Victorino Muñoz y Miguel Hidalgo

Viernes 27
Arnoldo Rosas, Leopoldo Tablante y Ana García Julio

El amigo Héctor Torres (me quito el sombrero ante su labor de documentación y promoción en FiccionBreve.org) cuenta que, aunque no se podrá bautizar el día de cierre, el encuentro sí contará con un libro recopilatorio, editado esta vez por la Fundación para la Cultura Urbana, con prólogo de Carlos Pacheco.

Lo esperaremos.

¡Salud por las nuevas y novísimas voces, y por la constancia de autores y promotores!

domingo, 1 de abril de 2007

Catando autores: Alfredo Bryce Echenique

Estar “felicísimo y como un niño”, declaró la semana pasada Alfredo Bryce Echenique, anunciando desde su Lima natal que había finalizado su última novela: Las obras infames de Pancho Marambio.

"El protagonista es un falso arquitecto y buen amigo de un peruano que le encarga unos asuntos al instalarse en Barcelona y quien sufre de una enfermedad congénita de su familia, que él ha superado con una voluntad de hierro y con una vida exitosa: el alcoholismo", explicó emocionado, atropellando palabras.

Y yo recordé aquel perfil que publiqué en la Revista Primicia, cuando su novela Reo de Nocturnidad acababa de ganar el Premio Nacional de Narrativa de España, y él se regresaba a Lima.

Desde entonces a su hoja de vida se han agregado nuevos hitos: el Premio Planeta 2002 por El Huerto de mi amada; la publicación de sus Antimemorias, en dos entregas, y de la recopilación de ensayos titulada Entre la soledad y el amor. Desgraciadamente también ha tenido que enfrentar lastimosas acusaciones de plagio.

Ya con 68 años, no soportó pasar el resto de su vida viendo las horrendas playas del Perú, como acostumbraba decirles. Pero sí logró estabilizarse alternando sus días entre España y Lima.

Desde esta última cuenta que su novela será presentada en Barcelona, en el otoño de este año. Sirva, pues, su próxima entrega para recodar aquel retrato:

Embriagado antihéroe de sí mismo

Después de más de tres décadas en Europa, Alfredo Bryce Echenique, cansado pero exitoso, termina las maletas de su regreso al Perú con dos nuevos libros y humor agridulce

“Yo soy ese hombre que bajó del tren”, cuenta al comienzo de su novela Reo de Nocturnidad, Alfredo Bryce Echenique. “Sí. Ese mismo. O, mejor, mucho mejor, yo soy aquel hombre que bajó del tren. Porque hay que decirlo así, con énfasis, para dar una idea más precisa de la diferencia, de la enorme distancia, hoy, entre el tipo que se instaló en esta ciudad y el que ha llegado a ser”.

Ciertamente como Max Gutiérrez, el insomne antihéroe de este libro, reciente ganador del Premio Nacional de Narrativa de España, Bryce fue un prisionero de la noche. Pero qué distancia hay también entre aquel joven –abogado por sus padres, licenciado en Letras por él– que desembarcó en París buscando la fiesta de Hemingway, y el que ahora prepara su regreso al Perú natal, el que con sonrisa guasona asegura que los 18 mil dólares del premio serán “para pagar deudas”, el que se va de gira entusiasmado, porque va a presentar dos nuevos libros con Alfaguara, “la más grande y poderosa editorial de la lengua española”.

Nació en Lima en 1939, en medio de una guerra europea y un golpe de estado en Perú. Su acomodada familia le dio, como al niño de Un mundo para Julius, la educación anglosajona y la disciplina religiosa propia de alguien con antepasados importantes. Pero también le transmitió el humor para burlarse de su oligarquía, así que hoy, como Martín el de La vida exagerada de Martín Romaña, odia no poder hacer reír a alguien en el momento justo.

Igual que el protagonista de Tantas veces Pedro, encontró la esencia de su peruanidad por las calles de París, Peruggia, Barcelona y Madrid. En 33 años se doctoró en La Sorbona, fue profesor de las universidades de Naterre, La Sorbona, Vinceness y Montpellier, pero especialmente liberó sus letras, siguiendo los pasos de sus amigos Julio Ramón Rybeiro y Julio Cortázar.

Como Manongo Sterne, de No me esperen en abril, todavía en las noches luce como el dandy capaz de cualquier cosa por sus amigos. En su discurso por bares y cafés, no faltan las historias hiladas desde el detalle, los chistes casi involuntarios a partir de su propia “miseria”. “Es de los que te dice que su tío heredó la Telefónica Nacional del Perú”, cuenta su amiga y fotógrafa Jenny Woodman, “pero cuando tú le dices ‘qué bueno’, te sale con que ‘pero si mi tío es sordo’”.

Nunca es mezquino en sus respuestas, “siempre que se haya tomado la primera copa”. En Perú fue célebre cuando se presentó pasado de tragos en una entrevista por Global Canal 13.

El escritor “hablaba con dificultad, dio incluso la sensación en los instantes finales del programa de haberse quedado dormido”, reseñó para el mundo la agencia AFP.

Luego fue frente a las cámaras de Jaime Baily, pero a pesar del temblor de sus manos, el entrevistador –como el público– escuchó embelesado lo que salía de debajo de su bigote, esa voz grave que pareciera venir de mucho más adentro que su imagen de excelente gourmet y sibarita.

Y es que este hombre embriagado de vida, alcohol y mujeres, es en realidad tan tímido que cuando el público comenzó a aclamarlo por Un Mundo para Julius, descubrió que el éxito lo intimidaba y pensó en el suicidio. Soñó con alquilar un cuarto donde escribir y recibir sólo a los amigos que “no pudieran hacerle daño”.

Cuando las circunstancias lo obligaban a salir ante las cámaras o asistir a una fiesta de poderosos, recurría al alcohol. “Así aparecía un tipo exótico, charlatán, encantador; pero, en el fondo, sólo era un showman apoyado en la botella”, reconoció después.

“Alfredo es una emotividad en busca de orden”, asevera en la actualidad su amigo Mario Vargas Llosa, uno de los que se quedó estupefacto al entrar a su apartamento impecable. Una profesora colombiana dijo una vez que echaba por tierra los valores del machismo, y muchos han adivinado algo así como un “profundo lado femenino” detrás de sus letras. En todo caso, ese temor de molestar, ese deseo desmesurado de que los que quiere estén bien, ese volverse tan “mínimus” que conmueve, lo acerca sobre todo a Martín Romaña.

El de carne y hueso también es incapaz, en principio, de levantar el teléfono para pedir ayuda, “pero se muere porque lo llamen”, según apunta Woodman. “Si quedó en esperarte en la estación de tren, puedes encontrarlo todo mojado por la lluvia”, comenta. “Y si le preguntas que por qué no esperó bajo techo, no tiene explicación”.

Las situaciones “exageradas” tampoco le han faltado. Una venezolana llegó a encontrarlo en Colombia temblando porque le habían dado 30 mil dólares en efectivo y tenía que viajar. Se forró completamente el cuerpo de billetes y mientras tomaba un café miraba nervioso de lado a lado, temiendo que lo confundieran con un narcotraficante.

Sí es el eterno enamorado, pero no el loco a la caza de la inspiración, que garabatea servilletas en un bar. Es incapaz, según dice, de escribir una palabra con el alcohol de por medio. Y como escribe tan rápido tuvo que crear su propia fórmula para abreviar las palabras de su narrativa de oraciones largas, mezcla de risa y de lágrimas, de ridículo seductor.

Cuando recibió la distinción de Caballero de la Orden de Las Artes y Las Letras de Francia, el embajador francés en Madrid, André Gadaud, lo definió como el joven eterno y desconcertado, que se había abierto paso con las literaturas más disparatadas. “El humor ha sido una forma de estar en el mundo, un pararrayos vital”, dice él. “Mi literatura nace de un empacho de asombro, es la única forma que tengo de darle respuesta a la angustia que me produce la realidad”.

“A Sylvie Lafaye de Micheaux, porque es cierto que uno escribe para que lo quieran más”, escribió como dedicatoria de uno de sus libros. Y “en realidad es que uno es una persona tímida, uno es una persona que ha dudado tanto de sí mismo, que la escritura es un medio de ser respetado, de ser querido más por las personas que uno quiere”, explicó en una entrevista. “Con mi familia eso ha ocurrido. Creo que ahora me respetan mucho más que si hubiera sido un pésimo banquero, que era lo que ellos querían que fuera. Ya el loco, pues, era loco de verdad, logró hacer una obra literaria”.

Tenía 30 años cuando publicó Un mundo para Julius y lo catalogaron del boom junior por su irreverencia. “Nunca imaginé que en este país (España) podía haber tanta televisión, tantos periódicos, tantas entrevistas”, dice ahora acosado por la prensa ante su último premio. Hace tiempo que duerme bien, aunque, según algunos, los años lo han puesto un poco achacoso. “Yo creo que quiere apartarse de la vida mundana”, advierte la fotógrafa Karín Dannely. Sin embargo, nadie le ha quitado ni su fanatismo por Sinatra, ni su humor, ni su dosis de rebeldía.

En las tres semanas que le quedan antes de viajar al Perú, va a presentar sus dos nuevos libros, La amigdalitis de Tarzán y Guía Triste de París, en La Coruña, Barcelona y Londres, y en una entrevista por el canal internacional de la Televisión Española. Para principios del próximo año ya estará instalado en su tierra natal. “De pronto estás frente a una playa maravillosa en Mallorca y te das cuenta de que añoras las playas grises y horrendas de tu país”, dijo en una ocasión. Una casa con vista al mar lo espera en Lima.