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jueves, 6 de septiembre de 2007

Come a casa: No es un italiano cualquiera

Comer comida italiana en Caracas es, digamos, bastante fácil; casi un lugar común por encontrarla en cada esquina.

Pero también puede ser bastante aburrido y, en la mayoría de los casos, no demasiado satisfactorio.

La numerosa inmigración italiana permitió, no sólo que se establecieran gran cantidad de restaurantes en la ciudad, sino también que el caraqueño desarrollara un paladar presto a degustar desde una simple pastica hecha en casa, hasta los platos más sofisticados de origen italiano.

Actualmente las opciones son numerosas si se toman en cuenta tanto los restaurantes tradicionales, como los que bajo rótulos más generalistas tipo “comida mediterránea” o “fusión”, echan mano de platos, técnicas o sazón italiana.

El detalle es que la gran mayoría sabe igual. Con dejo de “comida internacional”, la oferta se ha estandarizado y para mal. Son casi siempre los mismos platos y la misma presentación.

Con mayor o menor gusto, mejor o peor calidad, más altos o más bajos precios, siempre están las diferentes pastas con las clásicas salsas carbonara, napolitana, pesto… los tortelinnis, los canelones, los tortelones de ricota y espinaca y alguno que otro risotto.

Así que llegar al restaurante Come a Casa (1era. Avenida con 1era Transversal de Los Palos Grandes) fue toda una sorpresa y un placer. Come a Casa, Caffé-Trattoria Siciliana, no es en ningún sentido un restaurante italiano más.

El particular sabor de Sicilia

Como habitantes de una isla, los sicilianos tuvieron acceso limitado a ciertos ingredientes y costumbres del continente.

Crearon su propia gastronomía, caracterizada por sabores un tanto más fuertes, con influencias de los diferentes pueblos que pisaron su territorio: griegos, árabes, franceses, españoles.

Su gastronomía tiene ciertos elementos recurrentes: gran uso de vegetales, quesos (mozzarella, ricotta, pecorino), embutidos, pastas, pescados y mariscos. Tienen pocos platos con carne de res, mientras que el conejo, el cordero y el cerdo los reservan para ocasiones especiales.

Come a Casa ha querido recopilar y modernizar esas viejas recetas familiares, para ofrecerlas en un menú con esencia tradicional pero con vuelo contemporáneo.

Así, inspirado en la sazón y creaciones gastronómicas que cada domingo la siciliana María Caradonna de Zambito presentaba a su familia, el restaurante abrió en octubre de 2006, bajo la gerencia de sus hijos Guiseppe y Gian Franco y su nuera Lucimar Palacios.

Con la idea de servir comida sencilla, pero de sabor casero y con toda la calidez de aquellos encuentros dominicales, los platos iniciales fueron totalmente extraídos de las recetas de la señora Mary.

-Supongo que con el restaurante, no pondrán a cocinar a tu mamá -le pregunto a Guiseppe.

-Si supieras que le encanta. No cocina para acá, pero se la pasa inventando nuevas recetas que vamos incorporando en el menú -precisa él-. Sus platos siempre terminan siendo los más populares.

El menú

La cocina está oficialmente bajo el mando del chef Darwing Camarillo, quien aporta el toque más contemporáneo y gourmet a las recetas caseras, y completa el menú con nuevos platos, siempre con la esencia y sabores sicilianos.

Cada tanto organizan festivales especiales como el de risottos o el más reciente de pastas rellenas.

Aquí presento algunos de mis platillos favoritos y otros interesantes que estoy por probar:
  • Alcachofas estofadas (Rellenas al estilo casero con pan rallado, queso pecorino, perejil y albahaca)
  • Arancinis variados (Bolitas de risotto y azafrán con tres rellenos: carne, camarones y queso)
  • Brodu Mediterráneo (Gnocchi de albahaca en consomé de tomates secos con trocitos de queso provolone)
  • Ensalada Mare di Sicilia (Mezclum de lechugas con lonjas de pez espada ahumado y tomate relleno de camarones, en vinagreta de celery)
  • Tortellone di Carciofi (Rellenos de alcachofa y ricotta, salteados con hongos, berenjenas y tomates, sobre cama de queso gorgonzola)
  • Gnocchi di Zuca al olio (Pasta de auyama salteada al olio con brócoli, tomates cherry y nueces, aderezada con salvia, peperoncino y queso parmesano)
Como en casa pero pro

Para capturar el espíritu originario, le pusieron “como en casa”. Pero sin dejar espacio a las improvisaciones, los hermanos Zambito viajaron a Italia para estudiar el negocio de las trattorias y hasta participaron en el taller de Emprendedores del IESA para afinar las estrategias de aplicación en Venezuela.

Algunos amigos me comentaron que el local tuvo inicialmente ciertos problemas con el servicio. Ahora todo parece bien resuelto, con mesoneros diligentes y casi siempre con Guiseppe o Gian Franco pasando atentos por los mesas, amabilísimos y generosos en recomendaciones.

Nunca he podido llegar al postre, lo cual –tomando en cuenta lo dulcera que soy- es una muy buena referencia. Pero para los que tengan mayor capacidad he aquí tres tentaciones: cannoli, tiramisú y raviolis de cacao en salsa de nutella. A mí, para poder probarlos, me tocará acercarme a la hora del café.

martes, 20 de marzo de 2007

Escapadas salvadoras

Los seres intensamente multitasking necesitamos de vez en cuando echarnos una escapada. No hablo de grandes viajes con océano de por medio, aunque a esos también vale la pena recurrir cada tanto.

Hablo de esas pequeñas paradas técnicas de un fin de semana o, mejor, dos o tres días entre semana, como para despegarse de jefes, clientes, empleados, familia y cuanta responsabilidad tenga uno, y dejar que todas las piezas vuelvan a su sitio o se dé alguna justa reinvención.

No soy grupera. Aunque en la universidad alguna vez me uní a la tediosa costumbre de irse a Margarita con un gentío y tener que aguantar las consecuencias de flirteos colectivos, siempre preferí las escapadas más íntimas: una amiga, una pareja o unos cuántos libros y discos, y listo.

Son días para el hemisferio derecho y los sentidos. Días para el sexo dedicado, si se está acompañado, y si no, días para la buena de lectura; para quedarse echado; para experimentar y degustar; para respirar llenando todos los pulmones; para caminar sin apuros; para conocer campesinos, pescadores, cocineros, posaderos y turistas extraños; para consentirse y dejarse consentir.

Investigando, pidiendo referencias o aventurándome de plano he identificando algunos rincones cercanos a Caracas que vale la pena explorar. Aquí presento tres de ellos:

Las Casas del Gobernador: Ubicado en Chirimena, Estado Miranda, es una de las opciones más cercanas de Caracas –se vende como a dos horas, con calma en realidad es un poco más.

No se puede decir que las playas aledañas sean las mejores o las más dóciles de Venezuela, pero las vistas son hermosas al combinar mar y montaña en un solo ambiente.

Para mí lo mejor es la atención y las instalaciones: 11 opciones de cómodo hospedaje, la mayoría con aire acondicionado –aunque a veces se va la luz-, áreas verdes y piscinas, incluyendo una pequeña de agua salada al borde del risco, mi preferida.

Los paquetes incluyen el desayuno y, en los almuerzos y cenas, a veces a uno le dejan hurgar en la cocina, para escoger el pescado que haya llegado más fresco.

Villa Majagual: Un poco más retirada de Caracas, casi llegando al Parque Nacional de Mochima, la posada está en medio de un bosque natural de unas 5 hectáreas, en pleno golfo de Santa Fe.

El lugar es fresco, ventilado, con buena comida, atención, tranquilidad y privacidad. Las cabañas son cómodas, aunque el mobiliario es bastante modesto.

Cuenta con una playita cercana que se disfruta tanto bajo el agua, con equipo de snorkeling para ver los corales, como nadando o paseando sobre botes de pedales. Hay piscinas, muchas caminerías y jardines para internarse.

Entre sus mayores atractivos está un muellecito de donde aventurarse a lugares como las Islas Caracas y La Piscina, un muy acogedor comedor y una riquísima terraza, ambos con vista a una costa rocosa privada, perfecta para tomar algo, leer y relajarse.

Posada Don Elicio: A cinco minutos del pueblo de la Colonia Tovar, quizá sea una de las mejores posadas de Venezuela.

Con comida preparada con esmero y buen gusto, atención cálida, extensos y muy cuidados jardines que rodean acogedores ambientes de estilo colonial, pero con todas las comodidades modernas, es una opción de primera clase a precios razonables.

Sin duda es la posada venezolana donde mejor he comido, disfrutando platos con personalidad a cargo de Karl Roldán Lucero: lomito al carbón en salsa de pimentón rostizado y quenelles de yuca, crema de hongos portobello con manto crocante de hojaldre, salmón con salsa de alcaparras con puré verde/rojo.

La experiencia cuenta, además, con pequeños detalles muy placenteros como merendar rodeado de un pequeño riachuelo; o despertar y conseguirse panecillos y café a la puerta de la cabaña.

Y esto es sólo el abreboca de unos desayunos domingueros memorables por frescura, sabor y abundancia -además de una magnífica vista-, ideales para cerrar un viaje hedonista.

lunes, 26 de febrero de 2007

Tu Lan: Delicioso rincón grasiento de San Francisco

Es muy fácil conseguir un restaurante gourmet en San Francisco.

Puerto internacional y cosmopolita, con tradición de tolerancia y apertura –no de gratis ha sido hogar de las contraculturas hippie, bohemia y beat-, en sus mesas están presentes los sabores y recetas de todos los rincones del planeta.

Con una historia gastronómica que se remonta a la fiebre del oro de 1948, la ciudad fue pionera de la cocina californiana durante los setenta. En las últimas décadas ha visto proliferar locales de la llamada comida étnica, sin que propuestas más ortodoxas o irreverentes pierdan terreno.

Pero entre los miles de restaurantes de la ciudad, quizá lo difícil sea ubicar esos pequeños rincones que sólo las guías muy osadas recomendarían; esos estrechos lugares, a veces un tanto sucios o ubicados en lugares turbios, refugio para los baquianos locales de buen comer, que no quieren ser acosados por enjambres de turistas o precios exorbitantes.

El restaurante vietnamita Tu Lan es uno de ellos. Ubicado en los límites del SOMA, pero en el lado “malo” de Market Street, donde de noche deben sortearse hordas de mendigos y borrachos, luce como un sucucho grasiento parecido a insigne restaurante del centro de Caracas, La nueva casa de los chinos.

No tienen manteles curtidos que voltear cuando llega un nuevo comensal, pero sí unas pringosas mesitas de fórmica y servilleteros de aluminio que, si se tiene suerte, algún dependiente rozará en un ademán de limpieza con un paño de olor sospechoso.

El detalle es que la comida es espléndida en sabor y abundancia, por lo que las pocas mesas del estrecho local siempre están llenas. Y no sólo de vietnamitas, lo cual ya pudiera ser una buena referencia, sino hasta de parejas que, por la conversa y la forma de mirarse, andan claramente de primera cita.

Los fresquísimos spring rolls destacan como platos estrellas. “Rolled bits of heaven” (bocados enrollados del cielo), los llamó alguno. Otros prefieren los roles imperiales, y a partir de allí habrá que escoger entre carne, pollo, frutos del mar, cochino, platos vegetarianos o combinados, sin olvidar los noodles.

Los precios rondan entre 5 y 11 dólares por platillo, por lo que dos personas pueden atracarse de comida por el risible precio de 25 ó 30 dólares. Eso sí, sólo aceptan efectivo y hay que admitir que, si se visita varias veces, la sazón lucirá parecida aunque se cambie de plato.

Son dos pisos cálidos para el invierno –no sé como se sentirán en el verano-, perfectos para reponer energías después de largas caminatas. La comida llega de forma sorprendentemente rápida a la mesas. Pero si se prefiere, también hay dónde sentarse en una barra alrededor de la cocina.

Una sola recomendación: coman, degusten, pero no se les ocurra ir al baño.

jueves, 1 de febrero de 2007

Otra de chefs: Tomás Fernández a la francesa

Comentando la entrevista que le hice a Arguiñano, recordé otra muy distinta, pero intensa e interesantísima al venezolano Tomás Fernández. En aquel momento estaba tras los fogones de Bar Si, tailandés y con carne, aunque nunca hubiera estado por aquellos lados y -al menos entonces- se presentaba como vegetariano.

Versátil, inquieto, arriesgado e impecable, ha cocinado desde empanadas y hojaldres, comida francesa, venezolana y cocina fusión, hasta carnes raras, cuando creó Tope, el primer restaurante de carnes no tradicionales en Venezuela.

Recientemente asumió un nuevo refugio para la comida francesa con estilo propio, en el renovado Le Gourmet del Hotel Tamanaco. Y sin olvidar la docencia carismática e inspiradora, desde hace algún tiempo dedica “un espacio para la gastronomía en Venezuela” en su blog: www.tomasnomas.blogspot.com

Sirva su nueva aventura para recordar aquellas palabras:

“Mi cocina es el purgatorio”

Del adolescente medio punk que era, sólo le queda quizás el gusto por el soplo del aire en la cara, a altas velocidades en su moto, o el sabor a salitre en un velero-restaurante, su sueño dorado. Pensaba ser astrónomo hasta que una vecina lo convidó a internarse en la cocina. Ya son 14 años desde que dejó boquiabierto a su padre, entonces Ministro de Educación, cuando decidió dejar la escuela para moverse entre cucharas y ollas, y convertirse en uno de los chefs más reconocidos del país, a pesar de sus 32 años y de que, en las cercanías del restaurante cuya cocina comanda, bien podría pasar por un “pavo” cualquiera, con casco, cabeza rala y lentes de tono azulado.

“El título te lo dan los comensales o los dueños del restaurante. Uno nunca sale de la escuela como chef”, asegura, aunque como el jefe de cocina del Bar Restaurante Thai Si, convirtiera sus platillos japoneses, tailandeses o vietnamitas en el punto fuerte del establecimiento. “Nos hemos convertido en unas divas. Antes la gente iba a un restaurante, sin saber siquiera quien era el chef. Ahora van porque está tal o cual. Somos como estrellas de rock”.

-¿La cocina es un arte? ¿Qué le da ese carácter?

-Si arte es lo que sale del alma, algunos son artistas y otros imitadores, porque las creaciones no vienen del intelecto. Los cocineros somos artistas en momentos determinados, cuando sale ese plato especial.

-¿Cómo nace un plato suyo?

-Hay una magia bien bella. A veces te llegan productos nuevos, te traen avestruz, por ejemplo, tú lo ves y de repente, como si te dieran un golpe, aparece la fórmula: va con esto y con aquello. Por una razón mágica, 90 por ciento de las creaciones que vienen del alma salen perfectas. En cambio cuando te pones obligado a pensar, puede salir cualquier cosa. Estoy seguro de que Leonardo Da Vinci jamás se pensó una cosa. Me imagino que se pararía en la noche: “una nave que tenga una hélice así”. El jamás en su vida había visto un helicóptero, pero lo creó.

-¿Es así como puede cocinar tailandés sin haber estado allí?

-Cuando William del Nogal me dijo que me fuera a su restaurante, me senté, pensé, leí unos libros de Tailandia –no de cocina, sino del país- para enterarme de quiénes son, para ubicarme, y en un momento me empezaron a llegar recetas. Existe una especie de sabiduría universal, donde si medio te conectas aparece todo.

-Es vegetariano, pero cocina carne ¿lo hace como Beethoven componía sordo?

-Yo sé a qué sabe todo, tengo una memoria olfativa, gustativa, de tacto. Hay información dentro del cerebro y, aunque haya una especie de sordera, lo cocino y después suena.

-¿Qué concepto de cocina transmite?

-La cocina es un purgatorio: hay sangre, fuego, animales muertos, cuchillos, gente agresiva, pero de ahí sale una florcita encima de un plato que extasiará a un comensal. Es un arte, pero también un oficio, y la cosa es cómo combinar algo que tienes que hacer todos los días con el arte; pasar de lo más horrible, a lo más bello, a algo que puede causar amor, tristeza, alegría y hasta erotismo. La cocina es energía.

-¿Cuál ha sido el efecto de esa energía que más lo ha impresionado?

-Una vez en un Festival de Cocina de Inspiración entró una pareja. No se hablaban, sólo revisaban unos papeles y empezaron a discutir. Al rato el maitre se les acercó y les dio la carta diciendo: “los lugares no están hechos, los hace uno”. Ellos voltearon con cara de “y a éste qué le pasa”, se cortaron todos, pero arrimaron los papeles y cambiaron de actitud. Empezamos a mandarles platos, para que estuvieran felices. Ellos comieron y se fueron. Teníamos un libro para que la gente escribiera sus impresiones. Al final del día lo leímos. Decía que ellos habían ido a firmar su divorcio, pero que a lo largo de la cena habían descubierto que todavía les quedaban momentos ricos por compartir, así que no se divorciaban.

-¿Qué le prepararía al presidente Hugo Chávez?

-Tanto que dice que “el que tenga ojos que vea”, pues yo le daría cosas que lo hicieran realmente oír y ver, para que dejara de hablar tanto, de usar su intelecto y se volviera más fácil. Creo que él tiene mucha agresión por dentro, y las ideas lindas que tiene las lleva a un nivel que no son buenas, por resentimiento. Le daría una cocina para limpiarlo, muchas cosas vivas y frescas. Habría algo con caña de azúcar y ensaladas con lechuga fresca. No de la crujiente, sino de la criolla, tan suave que se deshace en la boca, para que se diera cuenta de todo el poder que tiene, de que simplemente con ponerse algo en la boca, puede desvanecerse.

(Entrevista publicada en la extinta revista Primicia, en agosto de 1999)

miércoles, 31 de enero de 2007

Catando chefs: Karlos Arguiñano

Entre catas y degustaciones, he tenido la suerte de conocer y entrevistar en su cocina a algunos chefs. Una de las conversaciones más divertidas fue con Karlos Arguiñano, en una visita a Venezuela que casi pasa por debajo de la mesa, en abril de 1998.

Publicada en su totalidad en la antigua revista Primicia, esta entrevista se acompañó con una simpática foto tomada por uno de los mejores fotoperiodistas con los que he trabajado, Freddy Henríquez. La leyenda decía: “Ya sabía que iba a triunfar... con estos instrumentos”.

Aquí están algunos fragmentos.

Karlos Arguiñano: con los pantalones puestos

“La única forma de gozar es comiendo”

Un “a ver... ¿cómo comen aquí?” sustituye al tradicional ¿cómo están?, con la misma facilidad con que a la pregunta ¿tiene hijos? Responde: “tengo seis y se comen 500 yogures al mes”. “¿Están bien alimentados aquí?”, continúa, casi auscultando con meticulosidad de médico, y si acaso alguno no estaba seguro de quién se trataba, empieza recordarlo en la pantalla, colocando perejil a todos sus platos –“cuando no es por sazón es como adorno”– y explicando por la Televisión Española que si a la patata la llevó Colón a Europa, pero que nadie la comió hasta que un farmacéutico descubrió que se hacían platos muy ricos, hace 150 años.

A los programas de Karlos Arguiñano no le calza la expresión de “recetas”, con ese matiz de lista de instrucciones frías e ingredientes, que nunca llegan a ser lo que aparece en televisión. Su espacio es más un divertido paseo por las historias del buen comer. A veces, incluso, hasta podría rayar en lo docto; pero él curiosamente odiaba el colegio y nadie llega a cambiar de canal.

“Soy vasco. Hijo de Jesús y de Josefa, padre fascista y madre modista y paralítica”, se presenta. Quizás por eso cocinaba desde niño y, aunque a los 14 años entró a la fábrica de trenes de Beasain para poner las puertas y los techos de las locomotoras, a los 17 se apuntó en la Escuela de Hostelería del Hotel Euromar. Ya lleva 31 años cocinando, 5 saliendo todos los días en los televisores de 32 países y desde 1990 representa a su país en la Comunidad Económica Europea, para proteger las recetas tradicionales y la calidad de la gastronomía de cada región, bajo el título de Eurococinero.

Sin embargo, aquí su estadía pasó literalmente “por debajo de la mesa”. No vino a cocinar sino para un sexteto de amigos y a visitar una guardería que fundó con su esposa el año pasado en Petare. “Me voy absolutamente encantado de cómo están de bien atendidos los 110 niños. Están bien alimentados y, por ende, felices, porque si un niño no come bien no puede estudiar, ni trabajar, ni jugar, ni ser feliz”.

-Es curioso que haya invertido en una guardería cuando, según dicen, odiaba el colegio.

-Estudié en muchos sitios, pero me echaban de todas partes. Me iba llorando a casa con mi maleta y mis libros, porque mis amigos pasaban y yo reprobaba todo, hasta que en un momento me dije “o soy anormal o los anormales son los profesores que no son capaces de enseñarme”. Sufría muchísimo, pero ahora que me dedico a la enseñanza, porque lo que hago es explicar lo que sé por televisión, resulta que lo mío va muy bien, parece que explico muy bien las cosas. Llevó dos mil quinientos programas de televisión, he vendido dos millones y medio de libros y no veo la forma de apearme.

El que enseña tiene que tener la suficiente sensibilidad como para saber que no todo el que está escuchando entiende a la primera. Ahora yo soy capaz de enseñar otras cosas además de recetas: cómo comprar, cómo congelar, descongelar, guardar, cómo debes alimentar a tus padres o abuelos que tienen 80 años, o a tu marido para que esté sano y siga trabajando, y venga feliz y fuerte para... Bueno, primero es el hambre, pero cuando ya la has quitado, con los pantalones puestos la única forma de gozar es comiendo. Si tienes una familia, tres hijos, los padres y la suegra, lo fundamental es que estén bien alimentados, que los niños tengan un desayuno con fundamento, porque llevan 12 horas sin comer y no vuelven sino hasta las 5 de tarde.

-Suena más a un nutricionista que a un chef

-Es que lo de chef lo tengo superado. Tengo 31 años cocinando y eso de hacer lentejas con chorizo colorao, unos macarrones y unos garbanzos ya lo tengo superado, ahora me preocupa mucho la salud.

-¿Cómo se puede conciliar ese placer de comer con mantenerse saludable, quizás delgado?

-Lo primero es la salud, y la salud se consigue con una buena alimentación. Yo veo a las madres jóvenes que van a las farmacias a comprar la comida para los niños, y a la farmacia se va cuando los niños están enfermos. Eso es que no quieren cocinar, las madres son las que están enfermas, porque para darle una crema de zanahoria, que sólo hay que cocinarlas y hacerlas puré, terminan pagando el tarro, la farmacia, los impuestos y dándole algo que dicen que es natural, pero que no ha hecho la madre o el padre. En España, que es un país que se cocina bastante, se está gastando más en farmacia que en fruta, pero si todo el mundo ha dicho que la fruta es buena. Para el placer de comer como placer en sí tengo un restaurante de lujo a donde puede ir cualquiera.

-¿Comer sano y barato como recomienda en el libro “100 menús de temporada”?

-Y divertido, porque la gente a veces dice “y ahora a cocinar”, como horrorizado. Pero si amas a tu familia tienes que alimentarla, porque si le compras relojes y no comida natural, es que no la amas. Amarías el estar en la cama con aquel chico, pero la familia y el hogar no lo estás amando. Hay que hacer una comida sana, barata y divertida. La langosta con champán francés la comen los parientes de Caldera y otros quince, los demás tienen que ir a casa y comer para seguir mañana de pie y fuertes. Y si todo el mundo colabora, la cocina puede ser una fiesta. Primero gozas pensando que vas a estar con tu gente, luego comprando, luego cocinando y luego comiendo, y todavía queda la sobremesa.

-Siempre se ha dicho que los grandes chefs son hombres, pero para la cotidianidad está la ama de casa.

-Los grandes chefs son las mujeres que son las que trabajan todos los días y no cobran. Yo soy chef, pero es mi profesión, es como ser periodista. Por eso intento sensibilizar al hombre para que no llegue, ponga los pies en la mesa y diga “la comida”. Los hombres han sido grandes chefs porque en las cocinas de los grandes hoteles y restaurantes, donde se cocinaba para 500 personas, había unos fuegos de carbón que eran insoportables para la mujer, y unos pucheros de 90 litros de caldo que había que subir y bajar del fuego. Los hombres estaban en la movida, pero por fuerza bruta, no por sensibilidad. Hoy en día en mi cocina tengo tantas alumnas como alumnos, porque la tecnología ha avanzado y la mujer está tomando su puesto.

-Dicen que usted es famoso, pero no porque sea tan buen cocinero, sino porque tiene mucho ángel

-No, porque soy muy guapo, no me has quitado el ojo de encima. Soy simpático, pero yo siempre he pensado que todos los que nos dedicamos al público tenemos que encantar, si no tienes algún encanto, si no eres alto y rubio...

-¿Cuál es su encanto?

-Pues ser simpático, intentar ser agradable en todo momento. Yo no puedo decir cuando alguien entre a mi restaurante “joder, ahí vienen otros cinco”. De esos también hay muchos, pero no van a triunfar nunca. Si vienen cinco personas, les doy la bienvenida, les tanteo el gusto. La cuestión es no perder las cosas que podemos disfrutar todos los días, el juguito, el desayuno...

-¿Cuál es el plato que más le gusta preparar y el que más le gusta comer?

-A mí no hay nada que no me guste si está bien hecho, pero pienso que una vez al día hay que tomar algo con cuchara, puede ser una sopa de gallina, de cebolla, unas lentejas, eso me entusiasma porque sé que estoy comiendo barato y bien. Me encanta cocinar el pescado porque yo preparo unas 40 especies y cada una tiene un punto de honor.

-Antes se decía que al hombre se lo conquistaba por el estómago ¿Eso ha cambiado?

-Sí, ahora es al revés. El hombre es el que tiene que darle de comer a la mujer y, para colmo, sin que engorde. El hombre que cocina es mucho más hombre.